2 de enero de 1833: Comienza la usurpación de las Islas Malvinas por parte de Inglaterra.

Acercándose el final de la guerra independentista en el territorio de las nuevas Provincias Unidas, el 6 de noviembre de 1820, el recién asumido gobierno bonaerense de Martín Rodríguez tomó posesión de las Islas Malvinas.

2 de enero de 1833: Comienza la usurpación de las Islas Malvinas por parte de Inglaterra.

Casi nueve años más tarde, el 10 de junio de 1829, exactamente 59 años después de que el gobernador español ordenara el desalojo de los invasores británicos de las Islas Malvinas, la gobernación organizó por decreto su comandancia militar.

La decisión establecía que tanto las Malvinas como las islas adyacentes al Cabo de Hornos serían regidas por un comandante político y militar, que haría observar en las islas las leyes de la República. El gobernador fue Luis Vernet, un comerciante nacido en Hamburgo que partió con una veintena de colonos ingleses y alemanes, y un derecho para usufructuar el ganado de las islas, otorgado por una vieja deuda.

La caza de ballenas era la actividad central y en torno al derecho de su práctica, en 1831, surgió un conflicto militar con Estados Unidos, que negaba a las Provincias Unidas el derecho a reglamentar dicha pesca. Intromisión de la diplomacia británica de por medio, la marina estadounidense invadió las islas.

En septiembre de 1832, zarpó desde Buenos Aires el buque de guerra Sarandí, al mando de José María Pinedo. Llevaba al nuevo gobernador interino, sargento mayor de artillería Esteban Mestivier y las órdenes de restablecer el orden. Llegaron a las islas el 1º octubre 1832 y cumplieron su misión, pero sólo temporalmente. Apenas algunos meses más tarde, el 2 de enero 1833, una fragata inglesa ocupó las islas. Desde entonces, el país reclama su soberanía por vías diplomáticas, exceptuando la guerra de 1982.

Reproducimos a continuación una carta enviada por el capitán de un barco mercante aconsejando la ocupación de las Islas Malvinas donde reconoce que ese punto estratégico estaba habitado por comerciantes de Buenos Aires que habían obtenido una concesión del gobierno de dicho estado.

Fuente: Ricardo R. Caillet-Bois, Las Islas Malvinas, una tierra argentina, Ensayo basado en una nueva y desconocida documentación, Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1952, pág. 418-419.

Traducción de la carta dirigida por W. Langdon a Th. Potter Macquen sugiriéndole la ocupación de las Islas Malvinas.

 

1 White Lion Court, Cornhill, 12 de abril de 1829

Señor:

Habiendo capitaneado un barco mercante durante cinco viajes a Nueva Gales del Sud y regresado a Londres vía Cabo de Hornos, he podido comprobar la necesidad de establecer una colonia en las islas Falkland con el objeto de proporcionar a los barcos que vuelvan por dicho camino el abastecimiento de agua, provisiones o reparaciones en caso de accidente. El bergantín Nassau, cargado con aceite de ballena se perdió durante su viaje a Inglaterra por hacer agua al salir del Cabo de Hornos. De haber establecido una colonia en las islas Falkland, podría haber llegado hasta ella, salvándose. El paso hacia el oeste de Nueva Holanda no ha sido contemplado a consecuencia de los tremendos temporales que generalmente soplan en esta región, sino a causa del temor que tenían los capitanes de barcos respecto del pasaje de este (alrededor del Cabo de Hornos) pues no tenían (en esa ruta) ningún puerto en donde recalar más próximo que el de Montevideo en el Río de la Plata o algún lugar en el Brasil, y en este caso el viaje se prolongaría por lo menos en un mes con los consiguientes gastos derivados de las excesivas tasas portuarias.

Gran número de barcos se emplean ahora en el comercio de Nueva Gales del Sud y la tierra Van Diamans, exclusivamente barcos cárceles y balleneros. La mayoría de ellos se ven obligados a recalar en alguno de los puertos brasileños, para abastecerse de agua, etc., si regresan por la ruta del Este. Todo esto sería absolutamente innecesario si se estableciera una colonia en las islas Falkland, lo cual podría llevarse a cabo con un plan similar y con menor costo que la que se fundó en la isla Ascensión. Un contingente de 100 hombres bastaría, y todo lo necesario se les remitiría por medio de alguno de los barcos cárceles; estos barcos por cuenta del gobierno podrían llevar cierta cantidad de masteleros para cada colonia y dejarlas allí para el aprovisionamiento de los barcos de Su Majestad o de cualquier otro que los requiera.

Lo que me induce a poner en su conocimiento todo esto es que se debe a que usted es un hacendado muy importante en Australia y naturalmente interesado por este comercio; conozco, además, su influencia en alguno de los miembros del gobierno de Su Majestad y presiento que su gestión sería inmediatamente notada y llevada a la práctica. Estoy seguro de que la importancia y necesidad de que el gobierno británico ocupe algún puerto de comunicación entre las colonias y la madre patria no puede pasar inadvertido para ninguna persona que se interese por su prosperidad.

Le ruego me permita añadir, Señor, que estuve en Berkeley Sound 1 hace diez meses atrás y hallé las islas en posesión de un director alemán y cerca de 20 hombres pri ncipalmente americanos; habían sido enviados allí por una compañía de comerciantes de Buenos Aires que obtuvo una concesión del gobierno de dicho estado, y su objetivo era dar muerte al ganado para sacar los cueros. Habían reunido ya cerca de 1000 y creo que en las islas hay más de 10.000 además de caballos. Ellos abastecieron mi barco con excelente carne salada y me dijeron que tenían grandes cantidades listas para exportarlas. Habían estado allí durante 12 meses y ninguno de ellos se había enfermado ni por un solo momento.

El terreno parece muy bueno en muchos lugares y vi varias especies de vegetales comestibles que crecen abundantemente. No puede dudarse que producirá, también, cantidades de cereales, y si el gobierno las ocupara mucha gente podría emigrar y colonizarlas. Berkeley Sound se halla perfectamente libre de rocas, con casi tres millas de extensión a la entrada y 12 a 14 millas de longitud, a cubierto de todos los vientos, pero incluso para el E N E a E S E que sopla a veces, hay una isla, excelente ancladero para buques de cualquier tonelaje, que los preserva de cualquier viento.

Su usted piensa que estas observaciones puedan presentarse al gobierno de Su Majestad, me sentiré feliz, señor, de proporcionarle cualquier información adicional.

Tengo el honor & W. Langdon, teniente R. N.

 

elhistoriador

FUENTE ANNURTV