Asentamiento ilegal israelí de Amona: La historia no contada

Una propietaria palestina comparte su historia de pérdida y esperanza, desde que Israel legalizó el robo de tierras privadas por parte de los colonos. “Un día en mi tierra vale toda una vida”.

 

Mariam Hammad señala su parcela de tierra a la distancia, donde se construyó el puesto de avanzada ilegal israelí de Amona. No ha sido capaz de poner un pie en su tierra en décadas [Shatha Hammad / Al Jazeera].

Desde la distancia, Mariam Hammad, de 83 años, quien estaba con uno de sus nietos, observó la evacuación del puesto de avanzada de de Amona. Mientras observaba cómo camiones viajaban entre Amona y el cercano asentamiento israelí de Ofra, Mariam permanecía escéptica, cuestionando si las operaciones de evacuación eran serias.

“Mi corazón no descansará hasta que se retire el tanque de agua”, dijo, señalando el gran depósito de agua que fue colocado en la parcela de tierra que heredó de su padre en la región de Thahir al-Mazari’, en la cima de una colina escarpada, al noreste de Ramallah en Cisjordania ocupada.

Otras ocho familias de pueblos cercanos poseer parcelas, en la misma zona de tierra.

Cuando Mariam llegó más cerca de la escena de la evacuación, los soldados israelíes, que estaba detrás de los bloques de hormigón, estaban en alerta máxima. Sin miedo, Mariam cruzó la calle para ver lo que estaba ocurriendo en la tierra que se le había prohibido el acceso durante décadas.

Hay alrededor de 600.000 ciudadanos israelíes que viven en los asentamientos y puestos de avanzadas ilegales sólo para judíos en Cisjordania ocupada  [Shatha Hammad / Al Jazeera]

Con lágrimas en los ojos, Mariam evocaba sus recuerdos de crecer en esa tierra.

“Recuerdo que cuando era una niña, cómo solía recoger piedras y espinas del suelo y colocarlas a un lado. Mi padre araba el campo, mientras mi madre plantaba las semillas”, comenta Mariam. La tierra que sus padres compraron, recuerda, fue no cultivable en ese momento. “Ellos trabajaron la tierra día y noche hasta que la convirtieron en “uno de los jardines de Silwad'”.

A medida que crecía, Mariam, creció más apegada a la tierra. “No puedo olvidar el sabor del agua del pozo en el campo. Era tan dulce como la miel. Lo recuerdo muy bien y me gustaría poder volver a probarla de nuevo”.

Recuerda que su familia solía seguir una norma de producción en particular conocida como la rotación de cultivos, prohibiendo el cultivo de los mismos cultivos durante dos temporadas consecutivas. “Un año más plantábamos trigo, arveja, cebada y lentejas. El año que venía cultivábamos tomates, pepinos, sandía, okra y girasoles.”

Mientras que su familia posee una cantidad considerable de tierra en Silwad, la parcela donde se construyó Amona seguía siendo una de las más fértiles, floreciente durante todo el año, antes de que fuera tomado por los colonos.

En un día de verano a mediados de los años noventa, Mariam y su marido, Mohammad, dejaron a sus ocho hijos en casa para embarcarse en su misión diaria de recoger el trigo que cosechaban en sus tierras.

“Un grupo de colonos llegó mientras estábamos trabajando en el campo. Comenzaron a pisar los cultivos y los deterioraron. Mi marido intentó expulsar a los colonos de la zona”, recuerda Mariam, explicando que el enfrentamiento se había intensificado y los colonos habían tratado de agredirlos, gritando, “Esta tierra es nuestra, que salir de aquí”.

Mariam recuerda que, ya que temían por sus vidas, su marido recogió sus herramientas de cosecha, las cargó en su caballo y se alejó de la tierra.

“Tan pronto como dimos la espalda y caminamos un poco, los colonos prendieron fuego a la tierra. Volví corriendo  reuní muchos tallos de trigo como pude. Tenía la sensación de que no me iban a dejar entrar en mi tierra después de ese día”.

Ese día marcó la última visita de Mariam a la tierra.

“Quiero traspasar mi tierra a mis 30 hijos y nietos, que tienen derecho a ello,” dijo Mariam, con el puesto de Amona, construido en su tierra, en la distancia detrás de ella  [Shatha Hammad / Al Jazeera]

Al día siguiente, Mariam y su esposo intentó acceder a la tierra, pero fueron interceptados por los colonos y soldados israelíes a punta de pistola, recordó.

Poco después, Mariam se dirigió al concejo municipal, equipados con sus títulos y documentos, para demostrar su derecho de propiedad sobre la parcela y exigir justicia, pero fue en vano.

En los siguientes días en que Mariam y su marido intentaron acercarse a la zona, una mujer de Ein Yabrud, un pueblo cercano, identificada como Rutayba Abdul Kareem Jabra, fue asesinaba a tiros mientras caminaba hacia Thahir al-Mazari’, de acuerdo con Mariam.

“Llevaba comida en la cabeza y se dirigía a los campos. Tan pronto como se acercó a la zona, los soldados dispararon y la asesinaron, delante de nuestros ojos”.

El jefe del consejo municipal de Ein Yabrud confirmó el incidente a Al Jazeera.

Bajo la protección del ejército, los colonos israelíes permanecieron en la tierra y construyeron el puesto de avanzada de Amona en 1997. Se expandieron y se construyeron 40 viviendas, infraestructuras y equipamientos públicos, mientras que a Mariam y a los otros propietarios se les prohibió el acceso a sus tierras durante décadas.

Hoy, tras una larga y dura batalla en los tribunales con la ayuda de las organizaciones de derechos humanos israelíes, Mariam observa la evacuación y la demolición del puesto de avanzada, que una vez fue el más grande de Cisjordania, que albergaba aproximadamente a unos 250 colonos.

Amona es uno de los casi 100 “puestos avanzados” israelíes dispersos en los territorios ocupados de Cisjordania. Israel distingue entre puestos de avanzada y asentamientos en puestos que han sido construidos sin autorización del gobierno. Ambos, puestos y asentamientos, sin embargo, suelen implicar la incautación de tierras palestinas privadas y son ilegales en virtud del derecho internacional.

En 2008, la organización israelí de derechos humanos Yesh Din presentó una petición en nombre de Mariam y otros propietarios de tierras, exigiendo la eliminación de Amona. Hace tres años, el Tribunal Supremo de Israel dictaminó que Amona en su totalidad había sido construido ilegalmente en tierra palestina robada, y ordenó su demolición.

Pero a medida que la evacuación entra en su fase final, el gobierno israelí ha aprobado una ley que legaliza el robo de la tierra privada palestina por parte de colonos israelíes de los puestos de avanzada, lo que podría prevenir que futuras evacuaciones se lleven a cabo.

Asentamientos y puestos de avanzada israelíes, que suman unos 225, están situados en la zona C, lo que representa el 60 % de los territorios ocupados de Cisjordania. Alrededor del 70 %  de la zona C está fuera de los límites del desarrollo y construcción palestina [Shatha Hammad / Al Jazeera]

La ley israelí reconocerá a unas 4.000 viviendas construidas por los judíos israelíes en los territorios ocupados de Cisjordania, como legales, siempre que los colonos puedan demostrar que ignoraban que habían construido en terrenos de propiedad privada o bajo las órdenes del estado.

De acuerdo con la ley, a los propietarios palestinos de tierras se les ofrecería una compensación financiera o una parcela de tierra alternativa, incluso si se niegan a ceder su propiedad.

Hasta hoy, los colonos israelíes que vivían en Amona  mantienen  que la tierra estaba vacía cuando llegaron allí. “Los árabes nunca vivieron allí, era una montaña rocosa desnuda”, dijo un residente en enero.

En Silwad, el mayor de los nietos de Mariam, de 20 años, Abdulhamid Hammad, abraza a su abuela y besa su frente. “Mi abuela recuerda cada rincón de la tierra”, explicó.

“Ella nos habla de ella y nos ha dado instrucciones para recuperarla, protegerla y cultivarla como ella y mi abuelo solían hacer”.

A la espera de volver a su campo, Mariam se muestra confiada, mirando a su parcela de tierra. “Si me ofrecen tanto dinero como el número de granos de tierra en mi tierra, no voy a aceptar. Quiero  mi tierra, no me interesa el dinero”, dijo.

“Siento que el suelo de nuestra tierra se extiende a través de mis venas. Un día en mi tierra vale toda una vida”.

Mariam y su familia han logrado reunir 100 olivos, uva, naranja y jóvenes árboles limoneros, con la esperanza de plantarlos en su tierra un día [Shatha Hammad/ Al Jazeera]

Fuente: West Bank: ‘One day on my land is worth a lifetime’

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Fuente: Shatha Hammad y Zena Tahhan para Al Jazeera / Traducción: Palestinalibre.org