¿Cómo perjudica a los saudíes su alianza petrolífera con EEUU?

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    ¿Cómo perjudica a los saudíes su alianza petrolífera con EEUU?

El bajo precio del petróleo y los enormes gastos en los que incurre Arabia Saudí en sus proyectos políticos en la región de Oriente Medio han desatado una seria crisis sociopolítica.

En el siguiente artículo pretendemos estudiar las consecuencias, a largo plazo, de la caída del precio del crudo en la situación socioeconómica y política del país árabe.

Desde mediados de 2014 y hasta este 2015, el precio del petróleo pasó de 100 a 40 dólares por barril, lo que ha generado serios problemas a aquellas economías de monoproducción, como Arabia Saudí, Kuwait y, hasta un cierto punto, los Emiratos Árabes Unidos, que dependen en gran medida de estos ingresos.

Esta es una crisis que se podría controlar si todos los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), estuvieran coordinados y redujeran o mantuvieran en un nivel bajo la producción de crudo. No obstante, Arabia Saudí, para satisfacer a su aliado, EE.UU., y presionar a su rival en la región de Oriente Medio, Irán, decidió adoptar una drástica medida. En junio pasado, Riad incrementó su producción hasta los 10.564 millones de barriles al día, y aseguró que este aumento responde a unas mejores previsiones de la demanda para este año y para 2016. De esa forma, los países exportadores de petróleo se vieron seriamente afectados aunque, también, el propio cazador resultó cazado.

En el caso saudí, el petróleo representa un 90 por ciento de sus ingresos. Su dependencia en este sentido es tal que para cubrir los gastos internos del país y poder promover sus objetivos regionales, el país se podría estar dirigiendo hacia serios problemas, en caso de que esa situación persista a largo plazo.

Anualmente, la monarquía árabe dedica grandes sumas de dinero a movimientos, mezquitas y escuelas salafistas, así como a grupos rebeldes que comparten objetivos comunes con los saudíes o impulsan sus políticas en Oriente Medio, a través de la “Liga Mundial Islámica”.  Además, en comparación con las últimas décadas, Arabia Saudí ha multiplicado sus gastos a raíz de sus intervenciones en Irak, Siria, Baréin y Yemen. Esta situación le ha obligado a adquirir enormes cantidades de armamento y convertirse en el primer comprador en el mundo.

En este contexto, un informe proporcionado por los expertos del IHS Janes, en Londres, considera que el reino saudí fue el primer y principal importador de equipamiento militar a nivel mundial, superando a la India, durante el año 2014, con una compra por valor de 6400 millones de dólares. Riad experimentó un aumento del 54 por ciento en 2014, y se estima que, en 2015, tenga otra subida de un 52 % para alcanzar los 9800 millones de dólares. Cabe mencionar que, en este año, Arabia Saudí emplea uno de cada siete dólares destinados a la compra de armas, cuyo proveedor principal es Estados Unidos.

Así que si en caso de que el precio del crudo persista por debajo de los 50 dólares, en un plazo de cinco años, los saudíes perderían una importante parte de sus reservas en divisas, algo que afectará seriamente su poder financiero a nivel internacional. Por el contrario, si la situación se mantuviera durante una década, sus efectos serían mucho más palpables porque afectarían la distribución de capital en la sociedad, además de obstaculizar su compra de armamento y su apoyo a los grupos que le favorecen en la región.

Teniendo en cuenta que, en las últimas 4 décadas, Riad ha gozado de una importante estabilidad política y económica, esa situación podría generar un malestar social y protestas antigubernamentales. Unas consecuencias que ya hoy día se están evidenciando.

De acuerdo con un informe publicado por la agencia rusa de noticias Sputnik,Arabia Saudí está vendiendo una considerable parte de sus bienes en Europa. Otro informe de Reuters recoge que, desde el pasado mes de mayo hasta el día de hoy, el régimen saudí ha vendido 1,2 mil millones de dólares de sus 9,2 mil millones de bienes en Europa.

La realidad reside en que Arabia Saudí ha invertido 175 millones de dólares para lanzar los ataques aéreos y otros 500 millones para sus ataques terrestres durante la invasión de Yemen. De acuerdo con las estimaciones realizadas, Riad ha gastado un 10 por ciento de su reserva en divisas desde el inicio de esta operación, el pasado 26 de marzo. Otra parte de sus gastos tiene raíz en su apoyo logístico y financiero a los rebeldes y terroristas que operan en Siria e Irak.

Si ese proceso sigue con el ritmo actual, hasta el 2018, la reserva en divisa saudí se vería reducida de unos 670 mil millones de dólares a menos de 200 mil millones.

Este aumento del presupuesto militar se produce en momentos en que los indicadores económicos saudíes hablan de una creciente tasa de pobreza, desempleo e inflación. Un estudio asegura que más del 60 por ciento de la población saudí vive por debajo del umbral de la pobreza. Los medios de comunicación árabes sostienen también que, actualmente, cerca del 60 por ciento de los ciudadanos saudíes, el equivalente a unos 20 millones de personas, vive en apartamentos alquilados.

Todo lo antes mencionado, unido a la brecha y las discrepancias dentro de la familia Al Saud, ha puesto al régimen frente a una crisis sociopolítica que desafía seriamente su existencia. La semana pasada, el diario británico Guardian publicó una carta atribuida a un príncipe saudí en la que confirmaba que miembros de alto rango de la familia pretendían llevar a cabo un golpe contra el rey Salman. Asimismo afirmó que el derrocamiento del rey no es solo lo que quiere la familia Al Saud, sino todos los saudíes.

Así que, una vez más, uno de los países súbditos de las superpotencias está sumergido en el caos por querer satisfacer a su supuesto “aliado”, en ese caso los EE.UU. En esta operación económica quien ha salido vencedor es Washington ya que no se ha visto perjudicado en lo absoluto y solo se ha aprovechado de la dependencia de Arabia Saudí del petróleo. De esta forma, los saudíes no solo no se ven incapaces de impulsar sus políticas en la región de Oriente Medio como se les antoje, sino que, incluso a largo plazo, de mantenerse tan bajo el precio del petróleo, ni siquiera podrán continuar con su estrategia religiosa y una parte importante de su política exterior: la extensión del wahabismo.