El etiquetado de los productos de los asentamientos solo refuerza la ocupación

Palestinos queman productos de los asentamientos delante de la colonia de Karmei Tzur. (Foto: Joseph Dana)

Cuando el gobierno israelí hace todo lo que está en su mano para borrar la Línea Verde y asfixiar la economía palestina, el boicot a los productos de los asentamientos no representa un desafío al régimen.

Para entender la decisión del Parlamento Europeo, aprobada este jueves, de respaldar abrumadoramente una moción de apoyo al etiquetado de los bienes producidos en los asentamientos de Cisjordania, hay que tener en cuenta un acontecimiento diferente que tuvo lugar en Europa hace unas pocas semanas.

Hace dos semanas, la cadena de supermercados de Luxemburgo Cactus decidió boicotear las frutas y los vegetales producidos en Israel. La razón: los suministradores de esos productos israelíes no etiquetan los que provienen de los asentamientos. El resultado: después de ser presionado por los consumidores, Cactus decidió no vender ningún producto israelí.

Volvamos al parlamento. La importancia de la decisión de etiquetar los productos, que probablemente se convertirá en una política efectiva de la Comisión Europea, es doble. Por un lado, estamos ante otra maniobra diplomática de la Unión Europea (UE), expresión de su insatisfacción con la ocupación y un gobierno israelí (y un líder de la oposición) que no parece estar interesado en ponerle fin.

Una persona medianamente crítica de Luxemburgo o Berlín podría decir: “No compro productos de los asentamientos”. Incluso podría añadir: “Pero no soy antiisraelí. Al contrario. Compro productos israelíes que no están manchados por el régimen militar”.

Pero la separación entre los productos israelíes y los fabricados en los asentamientos es enteramente artificial. Después de todo, ¿qué pensar de un producto hecho en Israel pero que utiliza materias primas procedentes de Cisjordania y envía sus residuos a una zona industrial que explota mano de obra palestina? ¿Qué debemos pensar de un banco que tiene su sede central en el Bulevar Rothschild de Tel Aviv y que ofrece créditos hipotecarios para viviendas ubicadas en los asentamientos de Cisjordania? ¿Y qué decir de un producto hecho completamente en Israel, pero cuya compañía paga impuestos que terminan yendo al presupuesto de defensa, a la próxima guerra contra Gaza o a las demoliciones de casas en el valle del Jordán?

¿Optimismo a largo plazo?

La UE está tratando de revivir la Línea Verde, mientras Israel sigue borrándola siempre que lo considera conveniente. La UE habla como si existieran dos regímenes políticos separados —uno democrático y legítimo en Israel y otro militar en una tierra lejana—, pero en realidad no existe ninguna distinción entre los dos, dirigidos por el mismo gobierno de Jerusalén.

Como ha escrito recientemente Noam Sheizaf, la UE sigue ayudando a Israel a mantener la ocupación, mientras se abstiene de tomar medidas eficaces para limitar sus actividades. Al mismo tiempo, financia infraestructuras palestinas, algo que debería ser una obligación exclusiva de Israel como potencia ocupante.

No obstante, podríamos ser más optimistas y decir que hay algo prometedor en los intentos de la UE de ser consecuente con sus peticiones e intentar dañar activamente la economía de los asentamientos. Que hay algo positivo en el hecho de que los ciudadanos israelíes se vean forzados a reconocer que, incluso según la ley israelí, los asentamientos están fuera de las fronteras del país y que forman parte de un régimen que mantiene dos sistemas legales diferentes.

También podríamos pensar que la decisión actual es únicamente el primer paso, al que le seguirán muchos otros, y que si la presión de la UE para que se separen los asentamientos del resto del país crece, será mucho más difícil mantener la ocupación.

Todo esto está muy lejos de donde nos encontramos hoy y, ciertamente, no nos acerca a la libertad, la independencia y la igualdad de los palestinos. La solución que necesitamos está en algún lugar entre dos estados democráticos, soberanos e interconectados y un único estado para las dos naciones. Pero para avanzar en esa dirección, debemos reconocer antes el hecho de que hoy hay únicamente un estado, que incluye islas de prisiones seudoautónomas para los palestinos. Este es el mismo estado en ambos lados de la Línea Verde.

Hasta que nos convenzamos de que esta es la realidad, Cactus de Luxemburgo podría volver a vender productos israelíes.

Fuente: Labeling settlement goods only strengthens the occupation

Spbre el autor: Haggai Matar es un periodista y activista político israelí. Tras haber trabajado para Haaretz yMaariv (donde fue presidente de la sección sindical), es ahora coeditor de Local Call, el sitio hermano de +972 en hebreo. Fue galardonado en 2012 con el Premio Anna Lindh de Periodismo Mediterráneo por su serie sobre el muro de separación.

Sobre el traductor: Javier Villate mantiene el blog Disenso, con artículos, análisis y traducciones sobre Palestina, Israel y Medio Oriente. Le puedes seguir en Twitter como @bouleusis

Fuente: Haggai Matar, +972 Magazine / Traducción: Javier Villate, Blog Disenso