El Imamato y el Califato (la sucesión del Profeta) en el Islam

El Gran Profeta Muham­mad (BP) falleció en los comienzos del año XI de la héjira lunar, luego de veintitrés años de esfuerzo en el camino de anunciar la sharî‘ah o ley islámica.

El Imamato y el Califato (la sucesión del Profeta) en el Islam

Con el fallecimiento del Gran Profeta (BP), concluyó la Revela­ción, y se selló la profecía, y de esa manera no hubo ni habrá más profeta después de él, ni otra ley divina después de la suya; sin embargo, los debe­res y obligaciones que pesaban sobre los hombros del Profeta Muhammad (BP), a excepción de lo concerniente a recibir Reve­lación y su anunciación, ob­viamente no concluyeron.

Es por ello que era menester que después de su muerte hubiera una persona perspicaz y sagaz, proba, que continuara cumpliendo esas obligaciones y funciones, guiara a los musulmanes y fuera su Imam y suce­sor del Mensajero de Dios (BP).

La cuestión de la necesidad de la existencia de un califa del Profeta (BP) es algo en lo que concuerdan todos los musulma­nes, si bien los sunnitas y shií­tas discrepan en algunos de los atributos que tal califa debiera de tener y la forma de su nom­bramiento.

Al principio es necesario acla­rar el significado de “shi‘ah” y “shiísmo”, y la historia de su origen y manifestación, de forma que se facilite tras ello el estudio de las cuestiones relacio­nadas al Imamato y Cali­fato después del Mensajero de Dios (BP).

Etimología y uso del término “shî‘ah”

Etimológicamente shî‘ah tiene el significado de “segui­dor”[1], y en el uso este tér­mino o deno­minación se aplica a una de las tendencias de los musul­manes que afirman que el lide­razgo de la comunidad is­lámica después del Mensajero de Dios (BP) era un derecho del Imam ‘Alî (P) y de sus hijos inma­culados.

Durante su vida el Santo Profeta (BP) habló numerosas veces y en diferentes ocasiones sobre las virtudes y cualidades del Imam ‘Alî (P), así como sobre su liderazgo y jefatura sobre la comunidad islámica después de él (BP), y ello es testimoniado por lo contundente de la historia compilada.

Todas esas encomendaciones y énfasis, como nos lo refieren los hadices confiables, ocasionaron que un grupo de los Compañeros del Profeta (BP) en vida de éste se reunieran alrededor del Imam ‘Alî (P), sus corazones se vieran cautivados por él y fueran conocidos como shî‘atu ‘Alî (los seguidores de ‘Alî).

Este grupo de Compañeros, tras el fallecimiento del Profeta (BP), permaneció en esa condición y en su convicción previa de que el Mensajero de Dios (BP) estipuló la sucesión del Imam ‘Alî (P) en lo concerniente al califato y liderazgo de la comunidad después de él, sin verse influenciados por conveniencias personales.

Así, un grupo de musulmanes fue llamado “shî‘ah” en vida del Mensajero de Dios (BP), y continuó llamándose de esa manera después de su desaparición. Muchos estudiosos de la historia de los pueblos y tendencias, han manifestado claramente esto.

An-Nawbajtî (fallecido en 310 H.L.) escribe: “Los shiítas son seguidores de ‘Alî ibn Abî Tâlib (P), fueron llamados shî‘atu ‘Alî tanto en tiempos del Mensajero de Dios (BP) como después de él, y son conocidos por sentirse cautivados por él y sostener su Imamato”.[2]

Dijo Abûl Hasan Al-Ash‘arî: “Se les dice shî‘as porque ellos siguieron a ‘Alî y lo anteponen por sobre el resto de los Compañeros del Mensajero de Dios (BP)”.[3]

Dijo Ash-Shahrestânî: “Los shî‘as son quienes siguieron a ‘Alî (P) en especial, y sostuvieron su Imamato y Califato en la forma de estipulación y legado (de parte del mismo Profeta)”.[4]

Sobre la base de esto, la historia de la shî‘ah no es diferente a la historia del mismo Islam, y en realidad el Islam y el shiísmo son dos caras de la misma moneda, o bien las dos caras de una misma realidad y gemelos nacidos en el mismo momento.

Los expertos en hadîz e historiadores mencionaron que el Profeta (BP) en los primeros años de su prédica, invitó a los hashemitas (su clan familiar) y les reunió en su casa anunciándoles la sucesión y califato de ‘Alî (P). Este hadîz es llamado hadîz bad’u ad-da‘wah o del “Comienzo de la Prédica” o hadîz iawm ad-dâr o del “Día de la Casa”.[5]

El Profeta anunció esto mismo a la gente repetidas veces y en diferentes oportunidades, especialmente en el día de Gadîr, donde se planteó el Califato en forma oficial, de manera que tomó la baî‘ah o juramento de fidelidad de la gente para el Imam ‘Alî (P), y el conocimiento de los detalles del suceso resulta más que suficiente para demostrar ello.

El shiísmo no fue producto de los lamentables sucesos de la Saqîfah, ni de la sedición producida por los sucesos concernientes al asesinato de ‘Uzmân, o alguna otra de las fábulas que se cuentan, sino que fue el mismo Santo Profeta (BP) quien por primera vez sembró las semillas del shiísmo en los corazones de los Compañeros mediante sus repetidas enseñanzas celestiales.

Esas semillas crecieron poco a poco y grandes compañeros como Abû Dharr, Salmân y Miqdâd fueron conocidos con el apelativo de shiítas.

Los expertos en exégesis coránica mencionaron lo siguiente respecto a las palabras del Altísimo que expresan:

﴿ إِنَّ الَّذِينَ ءَامَنُوا وَعَمِلُوا الصَّالِحَاتِ أُوْلَئِكَ هُمْ خَيْرُ الْبَرِيِّةِ ﴾

«Por cierto que quienes creyeron e hicieron buenas obras, esos son lo mejor de la creación».[6]

Dijeron: El profeta respecto a esto dijo:

« هُمْ عَلِيٌّ وَشِيْعَتُهُ »

“Son ‘Alî y sus shî‘as (seguidores)”.[7]

Por supuesto, este breve ensayo no puede abarcar la mención de todos los nombres de los primeros shiítas de entre los Compañeros y los tâbi‘în (los compañeros de los Compañeros del Profeta) que sostuvieron que ‘Alî era el sucesor del Profeta (BP) en forma directa e ininterrumpida.

El shiísmo, en el sentido mencionado, conforma el denominador común a todos los shiítas del mundo, los cuales conforman una parte importante de los musulmanes del orbe.

Los shiítas, al igual que los seguidores de otras tendencias del Islam, tuvieron gran parte en la difusión del Islam y brindaron grandes y juiciosas personalidades científicas, literarias y políticas a la comunidad humana, y actualmente también tienen una presencia activa en muchas regiones.

El Imamato es una cuestión divina

La cuestión del Imamato, tal como lo demostraremos a través de los artículos venideros, es una cuestión divina y celestial, y es por eso que era necesario que se cumplimentara la estipulación del califa del Profeta a través de la revelación divina al mismo Profeta (BP), y fuera el mismo Profeta quien la anunciara a la gente.

Antes de brindar y explicar los argumentos y pruebas transmitidas y taxativas a este respecto, analizaremos el juicio del intelecto en este caso, considerando las condiciones de ese período (esto es, el período anterior y posterior a la muerte del Profeta), y sus puntos que pueden llegar a presentarse ambiguos.

La lógica elemental juzga que cualquier persona considerada un reformador, si a través de esfuerzos descomunales que se prolongan por muchos años puede llegar a ejecutar su plan social que le es particular, e innovar un nuevo sistema para la sociedad humana, necesariamente pensará en el medio efectivo para la permanencia de ese plan, que garantice su continuidad y también su desarrollo. No se corresponde con la sapiencia que una persona edifique una gran obra, soportando gran cantidad de agobios, pero que no piense en aquello que la proteja de los peligros, ni designe a alguien para preservarla y cuidar de la misma después de él.

El Gran Profeta (BP) es una de las más grandes personalidades del mundo, y mediante la ley religiosa que trajo produjo una colosal transformación divina mundial, preparando el terreno para establecer una civilización nueva y sin igual.

Es evidente que esta gran personalidad, que presentó a la humanidad una ley divina eterna, que guió la sociedad humana en su tiempo y durante los días de su vida, pensó también en cómo proteger su sharî‘ah frente a los posibles peligros y flagelos que la amenazarían en el futuro; asimismo consideró el medio para lograr la guía eterna y administración de su comunidad, y dejó en claro la forma del liderazgo después de él; ello es así porque es ilógico que ese sapiente Profeta establezca las leyes de una legislación divina eterna, sin disponer un sistema fuerte de liderazgo después de él, que garantice la permanencia de dicha legislación divina.

Tal Profeta que no escatimó esfuerzos para dejar en claro el más mínimo detalle de lo que se necesita para la felicidad de la humanidad, ¿cómo sería lógico que hiciera silencio en lo relacionado al liderazgo de la sociedad islámica y su forma y formulación? ¡¿Cómo podría ser así desde que ello conforma uno de los asuntos esenciales y decisivos de la vida de la comunidad, e incluso de la vida de la humanidad, por lo que se estaría dejando a la naciente sociedad islámica confusa y desatendida, sin saber cuál es su obligación a este respecto?!

Sobre la base de esto, es absolutamente imposible aceptar la pretensión de quien sostiene que el Gran Profeta (BP) cerró los ojos a la vida sin pronunciar palabra alguna respecto al liderazgo de la comunidad islámica.

El Imamato y el nefasto peligro triangular: Roma, Persia y los hipócritas

Revisando la historia, y considerando las circunstancias que dominaban la región y el mundo durante la época de la desaparición del Profeta (BP), y en las postrimerías de su fallecimiento, se demuestra lo evidente y necesario de la condición “estipulada” del cargo del Imamato, y ello porque había tres peligros que amenazaban la religión y la nación islámica, y la circundaban en la forma de un triángulo nefasto.

El primer flanco de ese peligroso triángulo estaba representado por el Imperio romano. El segundo flanco lo representaba el imperio persa. Y el tercer flanco lo representaba el grupo de los hipócritas internos.

En cuanto al peligro y gravedad del primer flanco, para inferir ello es suficiente saber que el Profeta (BP) permaneció preocupado por ese asunto hasta el último momento de su vida, y es por eso que alistó un poderoso ejército bajo la comandancia de Usâmah Ibn Zaid y le comisionó enfrentarse a los romanos, de forma que también maldijo a los que, habiendo sido ordenados partir con él, se rezagaran del mismo.

En cuanto al peligro del segundo flanco, nos es suficiente saber que también constituía un enemigo agresivo cuyo rey despedazó la misiva enviada por el Profeta (BP) y escribió al gobernante del Yemen que arrestara al Mensajero de Dios (BP) y lo enviara con él, o bien le mandara su cabeza.

Asimismo, con relación al tercer peligro, debemos saber que este grupo (el de los hipócritas), procedía continuamente a perturbar al Profeta (BP). Los hipócritas le importunaban mediante diferentes tipos de conspiraciones y entorpecían sus movimientos. El Sagrado Corán nos relata sobre ellos y sus características, su hipocresía, sus molestias y sus intentos maliciosos en sus diferentes suras al punto que una sura completa fue llamada con ese nombre[8], y habla sobre sus intenciones y sus acciones pérfidas.

Nosotros planteamos la si­guiente pregunta: ¡¿Exis­tiendo tal triángulo de peli­gro, era correcto que el gran Pro­feta (BP) dejara sin un líder determinado a la comunidad y a la religión islámica, las cuales se encontraban asediadas por di­chos peligros por todas par­tes, encontrándose el enemigo a su acecho por todos lados y án­gulos?!

Sin lugar a dudas, el Profeta (BP) sabía que la vida de los ára­bes estaba basada en la vida tribal y de clanes familiares, de forma que los miembros de las di­ferentes tribus eran incondicio­nales para con los je­fes de las mismas, de manera que les obedecían fervientemen­te y se les sometían considerablemente; y por ello, dejar a tal sociedad sin la de­signación de un líder en parti­cular acarrea­ría la disgregación y las dispu­tas entre las tribus, y los enemi­gos se aprovecha­rían de esas controversias y diferen­cias.

Partiendo de esta realidad, dijo el Sheij Ar-Ra’îs Ibn Sîna (Avicena): “La designación del Califa por medio de la estipula­ción es lo más correcto, puesto que ello no conlleva la disgrega­ción, la agitación social y las dife­rencias”.[9]

La designación del Imam y Califa en los hadices del Mensajero (BP)

Después de haber demos­trado que la sapiencia y conocimiento del Profeta (BP) implica­ban que él adoptara una posición adecuada en lo concer­niente al liderazgo islámico después de él, ahora veremos cuál fue la posición que efectivamente adoptó a este res­pecto.

Hay dos teorías a este respecto que expondremos aquí, y que procederemos a discutir:

Primera teoría: El Profeta (BP) eligió por orden de Dios a una persona excelente y cabal para el liderazgo de la comunidad islámica, y la designó como Califa después de él, informando a la gente sobre ello.

Segunda teoría: El Profeta (BP) delegó la elección del líder y califa después de él a la gente, para que ellos mismos eligieran a una persona para ese cargo.

Ahora debemos ver cuál de las dos teorías es la que se desprende de los hadices del Profeta (BP) y la historia documentada.

Analizando con atención la vida del Profeta (BP), desde el día que le fue encomendado anunciar su ley divina a sus parientes y clan familiar y luego anunciar su prédica a toda la gente, hasta el momento de su fallecimiento, se observa en forma categórica que el Profeta (BP) marchó la vía de “la estipulación” en la cuestión del liderazgo repetidas veces y no la de “la elección popular”. Demostraremos este tema a través de los siguientes asuntos:

1- El Hadîz de Iawm Ad-Dâr (el día de la casa):

Luego de haber transcurrido tres años del día en que el Mensajero de Dios (BP) fue enviado como tal, Dios, Glorificado Sea, le encomendó anunciar Su Mensaje a los miembros de su clan familiar, y ello fue al revelarse Sus palabras, Majestuoso e Imponente, que expresan:

﴿ وَأَنذِرْ عَشِيرَتَكَ الاَقْرَبِينَ ﴾

«Y amonesta a tus parientes más cercanos».[10]

He ahí que el Profeta (BP) reunió a los principales de la tribu de los hashemitas y les dijo:

« يا بني عبد المطّلب إنّي واللهِ ما أعلمُ شابّاً في العَرَبِ جاء قومَه بأفضل ممّا قد جئتكم به إنيّ قد جئتكُم بخَيِر الدُنيا والآخِرة وقد أمَرَنيَ اللهُ تعالى أنْ أدعوكم إليه فأيُّكم يؤازرني على هذا الاَمر يكون أخي ووصيي ووزيري وخليفتي فيكم »

“¡Oh hijos de ‘Abdul Muttalib! ¡Por Dios! Que no conozco a ningún joven entre los árabes que haya traído a su pueblo algo mejor de lo que yo os traigo. Os traigo lo mejor de este mundo y el de la otra vida, y Dios, Glorificado Sea, me ha ordenado que os invoque hacia Él. Así pues, ¿quién de vosotros me secundará en este asunto de forma que sea mi hermano, mi sucesor, mi visir y mi califa entre vosotros?”.

El Profeta (BP) repitió la última frase tres veces; en cada una de esas oportunidades no se levantó nadie excepto ‘Alî (P) quien anunció su predisposición en cada vez para secundar al Profeta (BP) y auxiliarle. A la tercera vez dijo el Profeta (BP):

« إنَّ هذا أخِي وَوَصيِّي وخَلِيفَتِي فِيكُمْ فَاْسمَعوا لَه وأطيعُوا »

“Por cierto que éste es mi hermano, mi sucesor y mi califa entre vosotros. Así pues prestadle atención y obedecedle”.[11]

2- El Hadîz de Manzilah (la posición):

El Profeta (BP) consideró la posición de ‘Alî (P) respecto a él como aquella de Aarón respecto a Moisés a excepción de la condición de Profeta, cuando dijo:

« يا عليّ أما ترضى أن تكونَ مِنّي بمنزلةِ هارونَ من مُوسى إلاّ أنّه لا نبيَّ بعدي »

“¡Oh ‘Alî! ¿Acaso no te complace que tengas respecto a mí la misma posición que Aarón tenía respecto a Moisés solo que después de mí no habrá más Profeta?”.[12]

Según el texto coránico, en tiempos de Moisés, Aarón tenía la posición de profeta, de califa o sucesor, y de visir:

﴿ وَوَهَبْنَا لَهُ مِن رَّحْمَتِنَآ أَخَاهُ هَارُونَ نَبِيّاً ﴾

«Y le otorgamos de Nuestra misericordia a su hermano Aarón como profeta».[13]

﴿ وَقَالَ مُوسَى لاَخِيهِ هَارُونَ اخْلُفْنِي فِي قَوْمِي ﴾

«Y le dijo Moisés a su hermano Aarón: Sucédeme en mi pueblo».[14]

﴿ وَاجْعَل لِي وَزِيراً مِنْ أَهْلِي ﴾

«Y dispónme un visir de entre mi familia».[15]

El hadîz de Manzilah demuestra todas esas posiciones para el Imam ‘Alî (P) a excepción de la profecía, y si el propósito del mismo no fuera demostrar todas esas posiciones para ‘Alî (P) salvo la profecía, no hubiera sido necesario recalcar la excepción en lo concerniente a la profecía.

3- El Hadîz de As-Safînah (el arca):

El Gran Profeta (BP) equiparó a Ahl-ul Bait (P) con el Arca de Noé (P), en la que aquel que se embarcó en ella se salvó y quien se retrasó de ella se ahogó en el diluvio, al decir:

« ألا إنّ مَثَل أهلِ بيتي فِيكم مَثلُ سَفينة نُوح في قومه مَن رَكبها نَجا، ومَن تَخلَّفَ عَنها غرِق »

“Sabed que el ejemplo de la Gente de mi Casa entre vosotros es como el ejemplo del Arca de Noé (P) entre su pueblo: quien se embarcó en ella se salvó y quien se rezagó de la misma se ahogó”.[16]

Sabemos que el Arca de Noé (P) era el único refugio de la gente respecto al diluvio en ese tiempo. Así, la Gente de la Casa del Profeta (BP), en conformidad al hadîz del Arca de Noé, se considera el único refugio para la salvación de la comunidad respecto de los sucesos de intolerancia sectaria y los peligrosos acontecimientos que generalmente conllevan el desvío de la humanidad.

4- El Hadîz de Amân Al-Ummah (la seguridad de la comunidad):

El Mensajero de Dios (BP) describió a la Gente de su Casa como fuente de unidad de los musulmanes, como aquello que ocasiona que se mantengan alejados de las diferencias y la diversificación, y como seguridad ante el hecho de ahogarse en el mar de la sedición, al decir:

« النجومُ أمانٌ لاَهل الاَرض من الغَرَق وأهلُ بَيتي أمانٌ من الاِختلاف، فإذا خالَفتها قبيلةٌ مِنَ العَرَب اختَلَفوا فصارُوا حزب إبليس »

“Las estrellas son una seguridad para la gente de la tierra respecto a que se ahoguen; asimismo, la Gente de mi Casa son una seguridad respecto de las diferencias, de forma que si una tribu de entre los árabes la contraría, habrá discrepado y se habrá vuelto del partido de Satanás”.[17]

De esta manera, el Profeta (BP) asemejó a la noble Gente de su Casa con las estrellas, sobre las que Dios, Glorificado Sea, dice:

﴿ وِبِالنَّجْمِ هُمْ يَهْتَدُونَ ﴾

«Y mediante las estrellas se encaminan».[18]

5- El Hadîz de Az-Zaqalain (los dos tesoros):

El hadîz de Az-Zaqalain es uno de los hadices mutawâtir del Islam, que fue narrado por los sabios de las dos tendencias del Islam en sus libros de tradiciones.

El Mensajero de Dios (BP) se dirigió a la comunidad islámica diciendo:

« إنّي تاركٌ فيكُم الثَقَلَيْن كتابَ الله وَعِتْرَتي أهلَ بَيْتي ما إِنْ تَمَسَّكْتُمْ بهما لَنْ تَضلُّوا أبَداً وإنّهما لَنْ يَفْتَرِقا حَتى يَرِدا عَلَيَّ الحَوْضَ »

“Por cierto que dejo entre vosotros los dos tesoros (Az-Zaqalain): el Libro de Dios y mi descendencia, la Gente de mi Casa (Ahl-u Baitî); mientras os aferréis a ambos no os desviaréis jamás; y ciertamente que ambos no se separarán hasta que vuelvan a mí en la fuente (del Paraíso)”.[19]

Este hadîz demuestra con toda claridad la condición de Ahl-ul Bait An-Nabawî, la Gente de la Casa profética, como referencia del conocimiento junto al sagrado Corán, y torna obligatorio el hecho de que los musulmanes deban aferrarse a Ahl-ul Bait y al Corán en los asuntos religiosos, y procuren su opinión.

Pero lo que es muy lamentable, es que un sector de la gente procure la opinión de cualquiera sin tener en cuenta la de Ahl-ul Bait (P), y toquen a la puerta de cualquiera menos a la suya.

El hadîz de Az-Zaqalain, sobre cuya transmisión concuerdan tanto shiítas como sunnitas, puede congregar a todos los musulmanes sobre un mismo eje, puesto que si bien las dos tendencias se diferencian en la cuestión de la determinación del califa, líder y jefe político de la comunidad después del Mensajero de Dios (BP), y cada grupo posee su interpretación histórica a este respecto, que es lo que llevó a la división de los musulmanes en dos grupos, no hay ningún motivo para que exista discrepancia en lo concerniente a la condición de referencial de conocimiento de Ahl-ul Bait (P), sino que, sobre la base del hadîz de Az-Zaqalain, deberían estar de acuerdo al respecto.

Fundamentalmente, en la época de los primeros califas la condición de referencia científica que es propia de Ahl-ul Bait (P) le pertenecía a ‘Alî (P), puesto que se referían a él al surgir discrepancias en las cuestiones religiosas y los problemas se solucionaban a través de su intermedio.

En realidad, fue desde que Ahl-ul Bait (P) fue alejada de la escena de los referenciales científicos que se manifestaron las diferencias y divisiones, y surgieron una tras otra las diversas fragmentaciones en teología.

El Hadîz de Gadîr

Como vimos en los hadices anteriores, el Mensajero de Dios (BP) a veces presentaba a su califa y sucesor en forma general, y otras veces lo hacía en forma específica, o sea, mencionando el nombre del califa y sucesor, de forma que cada uno de esos hadices conforma una prueba perfecta y completa para quien es perspicaz y procura la realidad; pero incluso con todo ello, y para que el Profeta (BP) pudiera hacer llegar su proclama a todos los musulmanes de aquellos días, tanto a los que se encontraban cerca como a los que se hallaban alejados de él, para que pudiera excluir toda ambigüedad e imprecisión, y rechazar cualquier duda o aprehensión a este respecto, al volver de haÿÿat-ul wadâ‘ (la Peregrinación de Despedida) se detuvo en una región llamada Gadîr Jumm, e informó a los peregrinos que se encontraban con él que le fue ordenado por Dios, Glorificado Sea, anunciar Su Mensaje hacia ellos, el cual constituía un asunto de extrema gravedad, al punto que si no lo anunciaba hubiera sido como si no hubiese anunciado nunca nada de Su Mensaje, como dice el Altísimo:

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[1] Ver: As-Saffât; 37: 83.

[2] Firaq Ash-Shî‘ah, p.17.

[3] Maqalât Al-Islâmîîn, t. 1, p.65.

[4] Al-Milal wan Nihal, t.1, p.131.

[5] Ver: Târîj At-Tabarî, t.2, pp.62-64.

[6] Al-Baîinah; 98: 7.

[7] Ad-Durr Al-Manzûr, explicación de la sura Al-Baîinah.

[8] Sura 63: Al-Munafiqûn (Los Hipócritas).

[9] Ash-Shifâ’, sección de Al-Ilâhiât, artículo décimo, quinta sección, p.564.

[10] Ash-Shu‘arâ’; 26: 214.

[11] Musnad Ahmad, t.1, p,159; Tâ’rîj At-Tabarî, t.2, p.406; Tafsîr At-Tabarî (Ÿâmi‘ Al-Baiân), t.19, pp.74-75; Tafsîr (sûrahAsh-Shu‘arâ’, aleya 214.

[12] Sahîh Al-Bujârî, t.6, p.3, edición del 1312 H.L., capítulo de “La expedición a Tabûk”; Sahîh Muslim, t.7, p.120, capítulo de “Las virtudes del Imam ‘Alî (P)”; Sunan Ibn Mâÿah, t.1, p.55, capítulo de “Las virtudes de los Compañeros del Profeta”; Musnad Ahmad, t.1, pp.173, 175, 177, 179, 182, 185 y 230; y As-Sîrah An-Nabawîiah de Ibn Hishâm, t.4, p.164, capítulo de “La expedición a Tabûk”.

[13] Mariam; 19: 53.

[14] Al-A‘râf; 7: 142.

[15] Tâ Hâ; 20: 29

[16] Mustadrak Al-Hâkim, t.3, p.351; As-Sawâ‘iq Al-Muhriqah, p.91; Mizân Al-I‘tidâl, t.1, p.224; Tâ’rîj Al-Julafâ’, p.573; Al-Jasâ’is Al-Kubrâ, t.2, p.266; Ianâbî‘ Al-Mawaddah; p.28; Fath Al-Qadîr, p.113, y muchas otras referencias.

[17] Mustadrak Al-Hâkim, t.3, p.149.

[18] An-Nahl; 16: 16

[19] Sahîh Muslim, t.7, p.122; Sunan At-Tirmidhî, t.2, p.307; Sunan Ad-Darâmî, t.2, p.432; Musnad Ahmad, t.3, pp.14, 17, 26, 59, y t.4, pp.59, 366 y 371, y t.5, pp.182 y 189; Al-Jasâ’is Al-‘Alawîiah de An-Nisâ’î, p.20; Mustadrak Al-Hâkim, t.3, pp.109, 148 y 533, y muchas otras referencias.

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