El natalicio del Imam Hussein (P), su legado y su resistencia que en pleno siglo XXI continúa

Por Sdenka Saavedra Alfaro

 

El natalicio del Imam Hussein (P), su legado y su resistencia que en pleno siglo XXI continúa

Precisamente encontrándonos en el mes de Sha´ban, el octavo mes del calendario islámico lunar, un mes que se considera uno de los meses más honrados y respetados del año; ya que se conoce como el mes del Profeta Muhammad (PBD), él ayunaba todo este mes uniendo este ayuno con el del mes de Ramadán, y  en el que solía decir: “Sha’ban es mi mes y quien ayune un día de mi mes tendrá el Paraíso por recompensa”.

Además de ello, podemos señalar que este mes coincide con los aniversarios de los nacimientos del Imam Hussein (P) el día 3, el nacimiento del Imam Sayyad (P) el día 5, el nacimiento del Imam Mahdi (P) el día 15 y el nacimiento de Abbas Ibn Alí (P), el día 4 de Sha´ban respectivamente.

En ese sentido, es que prestos a recibir otro aniversario del natalicio del Imam Hussein (P), “El señor de los mártires”, es que en este pequeño escrito, queremos señalar algunos rasgos que lo caracterizaban de su gran lucha, no sólo por poseer grandes  cualidades y valores morales en su entrega a Dios, sino también por tener esa hazaña de heroísmo, ese coraje que lo identificaban,  esos valores admirables, los atributos y dones de un hombre que ofrendó su vida por defender por sobretodo el islam.

Un caudillo, como se denomina en América Latina al cabecilla que lucha en contra la tiranía y la opresión; ya que precisamente Él se sublevó a la dictadura de Yazid, hijo de Muawiyya. Un líder que murió con honor, en la «Batalla de Karbalá», en el décimo día del mes de Muharram del año 61 de la hégira después de 10 años de Imamato, batalla que por cierto, no fue proporcional, porque se enfrentó a un ejército de 40.000 hombres,  mientras siendo ellos sólo 72 y esa fuerza, ese valor, ese coraje es digno de admiración; pues la revolución que inició continúa y continuará por siempre, porque su resistencia en pleno siglo XXI continúa.

Este hombre admirable por su proeza y su valía, este ser valiente por su magistral hazaña de mantener la religión que le fue heredada de su abuelo, el Profeta Muhammad (BPD), Hussein Ibn Ali Ibn Abi Talib, conocido como el Imam Hussein (P), el tercer Imam Infalible, el segundo hijo del Imam Alí (P) «León de Dios y Puerta del Conocimiento de la Ciudad de la Sabiduría» con su esposa, la gran dama de los universos,  Fátima al-Zahra (P), nació el día tres de Sha’ban en el año 4 A.H. en la ciudad de Medina.  Este recién nacido era el segundo hijo de una familia a la que el Profeta del Islam dio el nombre de “Ahl ul-Bait” (Gente de la casa del Profeta). Fueron conocidos como Ahl ul-Bait después de que el Profeta Muhammad recibió la aleya de la purificación (Sagrado Corán, 33:33).

Según las narraciones sunitas y shiítas, el Profeta (PBD) lloró en el día de su nacimiento y pronosticó su martirio; así como eligió su nombre, fue en uno de los primeros siete días después de su nacimiento, que el ángel Gabriel,   se apareció y dijo a Muhammad (PBD): “Saludos de Dios para ti ¡oh, Mensajero del Islam! Llama a este pequeño como fue llamado el hijo de Aarón ‘Shubair’ o sea Husain, ya que `Ali para ti es como Aarón fue para Moisés, con la única diferencia de que tú eres el último Profeta”, y es así que fue como el nombre de Hussein fue elegido para el segundo hijo de Fátima al-Zahra (P).

El Imam Hussein (P), vivió durante 57 años, siete de los cuales fueron durante la vida del Profeta (la paz sea con él), quién le tenía mucho cariño a él y a su querido hermano, el Imam Hassan (P), el segundo Imam, por lo que expresó públicamente su amor por ellos besándolos desde abajo del púlpito y levantándose del púlpito nuevamente. A veces iba, los cargaba y jugaba con ellos, ya veces era como si él estuviera sentado entre los compañeros y entraba Hussein (la paz sea con él), entonces el Santo Profeta (la paz sea con él) decía la palabra, se cortaba, se levantaba y lo saludaba, un día se narra que lo tomó por el hombro y lo colocó en su regazo y dijo: «Él es el corazón mahja»; así como se ha narrado del Profeta (PBD) que dijo: «Hussein es de mí y yo soy de él, Dios ama a quien lo ama»[2]. También, es narrado por Salman al-Farsi, que el Profeta (PBD) puso su mano sobre el hombro de Hussein (P) y dijo: «Él es el Imam y el hijo del Imam, nueve personas de su progenie son imames justos, dignos de confianza e infalibles y el noveno de ellos es el al-Qa’im (Mahdi)». En otras tradiciones, el Profeta diría: “Hassan y Hussein son mis dos flores aromáticas de este mundo”, con todo ello, estamos comprobando, el gran cariño que el Profeta del Islam sintió por éstos dos Imames infalibes.

También podemos señalar, que el Imam Hussein (P), tenía siete años cuando el Profeta Muhammad (PBD) falleció; sin embargo, incluso en esos breves años, estuvo presente en eventos importantes de la época junto con Ahlul-Bait (P), como en el Evento de Mubahala con los cristianos de Najran, el evento del Ashab al-Kisa.Ibn Sa’d mencionó al Imam Hussein (P) en la última clase (quinta clase) de los Compañeros del Profeta (PBD)[3]. Después en el transcurso de su juventud sirvió a su padre, el Comandante de los Fieles, el Imam Ali (P) durante treinta años, también pasó diez años durante el Imamato de su noble hermano, Imam Hassan Mojtaba (P), y durante diez años fue responsable de la gran responsabilidad del Imamato. El período del Imamato del Tercer Imam coincidió con el malvado gobierno de Mu’awiyah y más tarde con su hijo, Yazid.

Por eso, es que manifestamos que el Imam Hussein (P), el «Señor de los Mártires», fue uno de los líderes y estandartes en la lucha contra la opresión y la tiranía de un califa que quería imponer su voluntad lejos de la legitimidad de un pueblo y su espiritualidad, y que para tal fin planificó anquilosar el pensamiento y la presencia de un líder legítimo ante Dios y los hombres. Muerto de Mu’awiyah al puro estilo monárquico, heredó el trono a su hijo Yazid, un hombre embriagado con el poder traicionando al igual que su antecesor los verdaderos principios del gobierno islámico,  asesinando a más de 72, en los sucesos de Karbalá, hombres, quienes acataban y practicaban las leyes divinas bajo el liderazgo del Imam Hussein(P).

Este suceso ocurrido hace 14 siglos en el año 680 (d.C.) nos ha enseñado que los hombres que están en busca de la justicia social y el establecimiento de un sistema moral-espiritual a veces deben pagar con su sangre  y sus vidas este objetivo noble, puro y sincero.

Y entre esos hombres, precisamente se encuentra el Imam Hussein (P), quién toleró todo tipo de aflicciones, angustia y humillación hacia su propia familia y compañeros por parte del régimen de los Omeyas[4]. Un luchador, un guerrero que tuvo que presenciar la muerte de su propio hijo, Alí Asgar (P)[5], de apenas 6 meses, quién murió martirizado por la flecha lanzada como símbolo de opresión y tiranía por parte de Yazid.

Porque debemos recordar que Muawiyya y sus ayudantes hicieron uso de todos los medios posibles por apartar y sacar del camino a la Casa del Profeta (BPD) y a la Shia para borrar así el nombre de Alí (P) y su familia y así, fortalecer las bases para el califato de su hijo Yazid, que cuando murió tomó su lugar.

Y como nuestro gran hombre valiente, heroico se negó a prestar fidelidad y dar su aprobación a un gobierno injusto y tirano como el de Yazid expresando su determinación definitiva de seguir adelante, fue vilmente martirizado.

Él dijo:

“Pertenecemos a Dios y regresamos a Él. Cuando alguien como Yazid (alcohólico, jugador, sin creencias y corrupto, que no se preocupa ni siquiera por la apariencia externa del Islam), gobierna al pueblo musulmán tendremos que hacer sonar el toque de muerte para el Islam; ya que un dirigente como éste, utilizando la fuerza del Islam y bajo el nombre del Islam, terminará con el Islam”.

Pero de algo debemos estar seguros que este suceso del martirio de Karbalá fortaleció las raíces del Shiismo y fue un factor principal en el derrocamiento del gobierno Omeya. Porque gracias al martirio de este valiente hombre se pudo continuar con el verdadero islam. Y a propósito ÉL decía:

“El motivo de este movimiento es para denunciar al gobierno de Yazid, que se manifiesta en contra del islam, y para ordenar el bien y rechazar el mal, y terminar con la opresión, la crueldad y la injusticia. Mi propósito es proteger el Sagrado Corán y revivir la religión de Muhammad (BPD)”[6].

Y en este natalicio del «Señor de los Mártires», seamos capaces de decir que la resistencia de Imam Hussein(P) nunca terminó, es perenne;  pues no solo es una cuestión de un hombre vinculado a Dios, sino de todos aquellos hombres que a lo largo de la historia han soportado y luchado contra la tiranía, ese legado tiene continuidad aún en pleno siglo XXI, el suceso de Karbalá no ha terminado por ello se dice que “Toda tierra es karbalá, y que “Todos los días son ashura” esa sed y esa hambre aun hoy se la sigue soportando, pues cuando se asesina, se interviene un territorio, se asedia, se obliga, se quita el alimento de los musulmanes o pueblos estos resisten fieles a las enseñanzas de unos de sus maestros de la revolución y la resistencia contra los opresores.

 

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[1] Escritora, Periodista, Profesora e Investigadora Boliviana, miembro de la Asociación de Investigadores en Comunicación y Educación para el Desarrollo (AICED) y la Asociación de la Comunidad Islámica Ahlul Bait de Bolivia.

[2] Ansab al-Ashraf, tomo 2, p. 142

[3] Ibn Sa’ad, al-Tabaqāt al-Kubrā, tomo. 6, p. 406-407; Sheij Saduq, Uyun al-Ajbar al-Ridha, 1363 S, tomo. 1, p. 85; Sheij Mufid, al-Irshād, 1413, tomo. 1, p. 168.

[4] Linaje ‘árabe que ejerció el poder capital, primero en Oriente, con capital Damasco, y luego en Al-Ándalus, con capital en Córdoba (España). La dinastía Omeya fue fundada por Muawiyya, antiguo gobernador de Siria con Uzmán. (Mosaico de la época Omeya, Banu Hashin y Hachemí)

[5] Alí Asgar (P), hijo del Imam Hussein (P), martirizado en la batalla de Karbalá a los seis meses de edad, en el año 688 d.c.

[6] Imam Husain Ibn Ali Ibn Abi Talib (P)”, Fundación Dar Rah-e Haqq, 2002.

 

Por Sdenka Saavedra Alfaro.