Estrella musulmana del futbol: «Salah, el faraón de Liverpool»

Salah, el faraón de Liverpool

El jugador musulmán, sensación de la Premier, ha hecho con sus goles que la religión sea un factor de integración en el fútbol inglés

Los jugadores celebran los goles alzando la mirada y señalando con el dedo índice al cielo, como Messi, chupándose el pulgar o haciendo con los brazos como que mecen a un bebé si tienen un hijo recién nacido, mandando callar a la afición rival, tirándose en plancha a la hierba o de maneras más estrambóticas como poniéndose dos o tres a gatas para hacer un tren. En plan provocador, incluso los hay que imitan el gesto de un perro haciendo pis en un árbol o una farola. Mohamed Salah junta las manos en una oración silenciosa, y se postra en el suelo, con los hombros y la cabeza tocando la hierba, como los musulmanes al rezar. En lugares como Shrewsbury o Rochdale es difícil saber en qué dirección está La Meca, pero él intenta averiguarlo por si esa tarde moja. Para su hija ha escogido el nombre de Macca.

Salah no es el primer ni el único futbolista musulmán de la Premier League, pero sí el que ha alcanzado un mayor estatus de celebridad (además de una manera fulminante), el que más es identificado (por su nombre y por sus gestos) con la religión, y el que más ha hecho por la integración en un fútbol inglés que sigue siendo el feudo de los blancos cristianos, donde el racismo continúa vigente, y las minorías étnicas están muy poco representadas en las gradas de los estadios porque no se sienten cómodas y la ultraderecha tiene considerable presencia.

“Si metes más goles yo también me haré musulmán”, cantan los seguidores de los ‘reds’

Es de justicia poética que Salah juegue para el Liverpool, porque fue en la ciudad de Merseyside donde un inglés se convirtió públicamente por primera vez a la religión musulmana. En 1887, después de un viaje a Marruecos, el famoso abogado criminalista William Quillian se cambió el nombre a Abdullah, y dedicó parte de su considerable fortuna a abrir tres propiedades en los números 8, 11 y 12 de Brougham Terrace para convertirlas en una mezquita, una escuela y un orfanato islámico donde padres cristianos sin recursos podían dejar a sus hijos con la condición de que fuesen educados en las enseñanzas del Corán. El califa otomano Abdul Halid II lo nombró jeque del Islam en las Islas Británicas, pero eventualmente fue objeto de persecución política y se exiló al estilo Puigdemont antes de que las autoridades le retirasen la licencia para ejercer la profesión, viviendo el resto de sus días en la Isla de Man. El Estado, como bien sabemos, no tolera los desafíos.

Proponer un califato, criticar la política colonialista de Gran Bretaña en Sudán o decir que los musulmanes no debían ser manipulados a pelearse entre ellos para defender los intereses de las grandes potencias europeas era ciertamente un desafío al establishment político británico de la época, y fue castigado por ello. Mohamed Salah, un siglo y medio después, es el legítimo heredero de Abdulah Quillian, con un balón en los pies en vez de publicando libros o defendiendo la inocencia de sus clientes ante los tribunales. Se estima que el ejemplo del abogado criminalista llevó a más de seiscientas conversiones al Islam.

“If he is good enough for you he is good enough for me, if he scores another few then I will be a muslim too, if he is good enough for you he is good enough for me, he is sitting in the mosque that’s where I wanna be” (si es lo suficientemente bueno para ti también lo es para mí, si marca unos cuantos goles más yo también me haré musulmán, está sentado en la mezquita y yo también quiero estar allí). El nuevo cántico en las tribunas de Anfield es revolucionario y contrasta con la mayoría de himnos futbolísticos ingleses, donde una de cada dos palabras suele ser shit (mierda) o fuck off (idos a tomar por…).

Que el Rey de Egipto, la Cuarta Pirámide o el C alifa de Liverpool vaya a conseguir conversiones al Islam es harina de otro costal, pero sí está logrando que hinchas musulmanes de otros equipos en el mundo entero se pasen a los reds, que las creencias religiosas dejen de constituir una fractura en el fútbol inglés, y que los aficionados se fijen más en Mesut Özil, Mousa Dembélé, Yaya Touré, Paul Pogba o Riyad Mahrez o Mohamed El-Nenny, jugadores que comparten la fe de Salah.

Salah es descrito como humilde, tranquilo, con un gran sentido del humor e increíblemente generoso (ha dado dinero para la construcción de un gimnasio y varios campos de fútbol en su pueblo natal). No se entendió con Mourinho, lo cual habla muy bien de él. Pero nadie es perfecto, y a la hora de citar a sus ídolos, habla de Totti, Zidane… y Cristiano Ronaldo. Los dos primeros se pueden entender, porque uno fue compañero en el Roma y el otro es de origen argelino. ¿Pero el madridista? En el fútbol sólo hay un dios, sea cual sea la religión, y se llama Leo.

La Vanguardia