Gaza: El agua está provocando graves enfermedades en los niños de la sitiada franja

El agua contaminada que beben los niños en Gaza provoca el síndrome del bebé azul y otras graves enfermedades, causados en última instancia por el bloqueo sionista y la destrucción de sus infraestructuras por los bombardeos israelíes

Una mujer palestina baña a su hijo con agua de un tanque lleno por una organización benéfica dentro de su vivienda en Khan Younis, en el sur de la Franja de Gaza, 3 de julio de 2017 [Mohammed Salem / Reuters]

Este artículo es el primero de una serie de dos partes sobre la crisis del agua en Gaza. El segundo, que examina las soluciones a la catástrofe del agua y la salud en Gaza, se publicará el martes 30 de octubre.

Gaza: Un médico sin afeitar con círculos debajo de los ojos ingresa a la sala de niños del hospital Al Nassar en la ciudad de Gaza. Es jueves por la tarde, casi el fin de semana. El pabellón es sombrío e inquietantemente silencioso, el cual  es interrumpido por un ocasional lamente de un pequeño.

En cada cubículo, separado por cortinas, hay una imagen similar: un niño yace solo en una cama, conectado a tubos, cables y un generador; una madre sentada en silencio al lado de la cama.

El Dr. Mohamad Abu Samia, Director de medicina pediátrica del hospital, intercambia algunas tranquilizadoras palabras con una madre, luego levanta suavemente la bata del bebé, revelando una cicatriz de una cirugía cardíaca de casi la mitad de la longitud de su cuerpo.

En el siguiente cubículo, atiende a otro pequeño que sufre de una severa desnutrición. El niño se queda quieto, su pequeño cuerpo está conectado a un respirador. Debido a que la electricidad funciona solo cuatro horas al día en Gaza, el niño debe quedarse aquí, donde los generadores lo mantienen con vida.

«Estamos muy ocupados», dice el abrumado médico. «Los niños están sufriendo deshidratación, vómitos, diarrea, fiebre». La creciente tasa de diarrea, la  segunda mayor causa  de muerte entre los niños menores de cinco años, es motivo suficiente para alarmarse.

Pero en los últimos meses, el Dr. Abu Samia ha observado fuertes aumentos en la gastroenteritis, la enfermedad renal, el cáncer pediátrico, el marasmo, una enfermedad de desnutrición grave que aparece en los bebés, y el «síndrome del bebé azul», una enfermedad que causa los labios, cara y la piel azulada, y la sangre del color del chocolate.

Antes, comenta el médico, atendió «uno o dos casos» de síndrome del bebé azul en cinco años. Ahora es lo contrario: cinco casos en un año.

Cuando se le consultó si tiene estudios para respaldar sus hallazgos, responde: «Vivimos en Gaza, en una situación de emergencia… Tenemos tiempo solo para aliviar el problema, no para investigarlo».

Sin embargo, las cifras del Ministerio de Salud palestino apoyan los hallazgos del médico. Muestran una «duplicación» de la enfermedad diarreica, llegando a niveles epidémicos, así como aumentos durante el pasado verano de la salmonela e incluso en la fiebre tifoidea.

Las revistas médicas independientes analizadas por médicos expertos, también han documentado un aumento en  la mortalidad infantil, la anemia y una  » alarmante magnitud »  de retraso del crecimiento entre los niños de Gaza.

Un estudio de Rand Corporation ha encontrado que el agua en mal estado es la  principal causa de mortalidad infantil  en Gaza.

En pocas palabras, los niños de Gaza se enfrentan a una epidemia de salud de proporciones mortales sin precedentes.

«Tanto sufrimiento», expresa el doctor Abu Samia. Es, explica, una cuestión de «vida y muerte».

Múltiples factores son los culpables de la crisis de la salud, pero los médicos están de acuerdo en un culpable central: el agua potable escasa y contaminada de Gaza, debido al asedio económico de Israel, sus repetidos bombardeos de las infraestructura de agua y alcantarillado y un acuífero colapsado de tan mala calidad que el 97% de los pozos de agua potable de Gaza  están por debajo de los estándares mínimos de salud para el consumo humano.

El Dr. Majdi Dhair, director de medicina preventiva del Ministerio de Salud de Palestina, informa sobre un «enorme aumento» en las enfermedades transmitidas por el agua, que según él «están directamente relacionadas con el agua potable» y con la contaminación de las aguas residuales sin tratar que fluyen directamente hacia el Mediterráneo.

Una visita al campo de refugiados de Shati (o «Playa»), densamente poblado de Gaza, ayuda a explicar por qué. Allí, 87.000 refugiados y sus familias, expulsados ​​de sus ciudades y aldeas durante la creación de Israel en 1948, se encuentran en medio kilómetro cuadrado de estructuras de bloques de cemento a lo largo del Mediterráneo.

«¿Agua y electricidad? Olvídate de eso», señala Atef Nimnim, quien vive con su madre, su esposa y dos generaciones más jóvenes (19 Nimnims en total) en una pequeña vivienda de tres habitaciones en Shati.

El agua de Gaza que salpica a través de sus grifos es demasiado salada, casi nadie la bebe. Para beber agua, el hijo de 15 años de Atef apila jarras de plástico en una silla de ruedas y las lleva a la mezquita, donde llena los contenedores de la familia.

La mayoría de las familias, incluso en los campamentos de refugiados, gastan hasta la mitad de sus modestos ingresos en el agua desalada de los pozos no regulados de Gaza. Pero incluso ese sacrificio tiene un costo.

Contaminación fecal

Las pruebas de la Autoridad Palestina del Agua muestran que hasta el 70% del agua desalinizada entregada por un pequeño ejército de camiones privados y almacenada en los tanques de los techos de los campamentos es propensa a la contaminación fecal.

Incluso cantidades microscópicas de E coli pueden florecer en una crisis de salubridad.

El motivo de esto, explica Gregor von Medeazza, especialista en agua y saneamiento de UNICEF para Gaza, es que cuanto más tiempo permanecen las E. coli en el agua, más «empiezan a crecer» en el agua y peor se pone. Esto lleva a la diarrea crónica, que a su vez puede provocar retraso del crecimiento en los niños de Gaza, como documentó recientemente una revista médica británica. Un efecto, dice von Medeazza, es sobre el «desarrollo cerebral» y un «efecto medible sobre el coeficiente intelectual» de los niños afectados.

La alta salinidad y los niveles de nitrato del acuífero colapsado de Gaza, tan  sobrecargados que el agua que fluye del mar, está en la raíz de muchos de los problemas de salud de Gaza. Los niveles elevados de nitrato  conducen a hipertensión e insuficiencia renal, y están relacionados con el aumento del síndrome del bebé azul. Las enfermedades transmitidas por el agua como la diarrea infantil, la salmonela y la fiebre tifoidea son causadas por la contaminación fecal, tanto del agua desalada en el techo como de los  110 millones de litros de aguas residuales crudas y poco tratadas que fluyen al Mediterráneo todos los días.

Debido a que la electricidad aquí se corta durante 20 horas al día, la planta de alcantarillado de Gaza es esencialmente inútil; Por lo tanto, el agua marrón se lanza al mar, 24/7, desde largas tuberías sobre una playa al norte de la ciudad de Gaza. Sin embargo, en el verano, los niños siguen nadando a lo largo de las playas de Gaza.

En 2016, Mohammad Al-Sayis, de cinco años, se tragó agua de mar con aguas residuales, ingiriendo bacterias fecales que llevaron a una enfermedad  cerebral mortal. La de Mohammad fue la  primera muerte conocida  por aguas residuales en Gaza.

Los niños caminan a través de las aguas residuales en el vecindario de Mighraqa en las afueras de la ciudad de Gaza [Archivo: Khalil Hamra / AP Photo] 

Para empeorar las cosas: los cohetes y proyectiles israelíes dañaron o destruyeron las torres  y tuberías de agua de Gaza, los  pozos  y  las plantas de alcantarillado, lo que  causó daños por aproximadamente de 34 millones de dólares. Esto paralizó aún más la entrega de agua segura y limpia, lo que profundizó la catástrofe de la salud aquí. Un impacto aún mayor proviene del bloqueo económico de Israel, que el Dr. Abu Samia culpa directamente a la creciente desnutrición del área.

La grave escasez de agua y electricidad, junto con el aumento de la pobreza, han dañado los niveles nutricionales, explica el Dr. Abu Samia.

«Está afectando a los bebés».

Antes del asedio, indicó, no tenía pacientes que sufrieran de desnutrición.

Ahora ve con frecuencia a niños con enfermedades nutricionales.

«Estamos viendo bebés con marasmo», una enfermedad nutricional grave. «En los últimos dos años, está aumentando más y más».

Los habitantes de Gaza recuerdan bien las  cínicas palabras del ministro israelí Dov Weissglas en 2006, cuando comparó el bloqueo con «una reunión con un dietista… Tenemos que hacerlos mucho más delgados, pero no lo suficiente como para morir».

Gaza se volverá  inhabitable para 2020

Ahora, aparte de los cientos de muertes por cohetes, misiles y balas en las tres más recientes ofensivas israelíes en Gaza, los niños aquí se enferman y mueren a causa de las aguas infecciosas y enfermedades que resultan debido a esto.

«La ocupación y el sitio son los principales impedimentos para la promoción exitosa de la salud pública en la Franja de Gaza», declaró un estudio de 2018 en  Lancet,  que citó «efectos significativos y perjudiciales para la atención de salud».

Sin una intervención importante de la comunidad internacional, y pronto, los grupos humanitarios advierten que Gaza se convertirá en  inhabitable para el año 2020, apenas dentro de un año.

La falta de intervención urgente dará como resultado «un gran colapso», indica Adnan Abu Hasna, portavoz de Gaza de la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, que recientemente la administración de Trump recortó todos los fondos de EE. UU.

De lo contrario, en menos de dos años, dice, «Gaza no será un lugar habitable».

Y aun así, habitables o no, la gran mayoría de los dos millones de habitantes de Gaza no tienen a dónde ir. La mayoría simplemente están tratando de vivir la vida más normal posible en circunstancias extremadamente anormales.

Al anochecer, en una noche de verano, en un sector cerca del puerto de Gaza, cinco de esos dos millones de personas intentan disfrutar de unos minutos de tranquilidad.

Alrededor de Ahmad y Rana Dilly y de sus tres pequeños hijos, está el puerto lleno de vida. Los pescadores arrastran sus redes. Los niños posan para las selfies en bloques de concreto rotos y barras de refuerzo: restos de un antiguo bombardeo.

Rana vierte soda de mango; Ahmad insiste en repartir unas obleas de chocolate.

«Estás con los palestinos», se ríe, despidiendo a los que rechazan su oferta.

Sus tres hijos pequeños mordisquean papas fritas.

Los Dillys tienen los mismos problemas que muchas familias de Gaza.

Ahmad, un cambista, tuvo que reconstruir su tienda en el año 2014 después de que un misil israelí la destruyera.

Como la mayoría de los habitantes de Gaza, la familia tiene que lidiar con el agua salada de los grifos y los riesgos inherentes de la enfermedad del agua transportada en camiones de la que dependen. Pero estos problemas significan poco para ellos en comparación con su deseo de sentirse seguros y de disfrutar momentos fugaces de vivir como una familia normal.

Sé que la situación es horrible, pero solo quiero que mis hijos tengan un pequeño cambio de vez en cuando», explica Ahmad. «Quiero que vean algo diferente. Quiero que mi familia se sienta segura».

En la distancia, una explosión hace eco. Ahmad hace una breve pausa y luego lo ignora.

Añade: «Vengo al mar y me olvido de todo el mundo».

La familia Dilly visita un sector cerca del puerto de Gaza para escapar de sus dificultades diarias [Abdel Kareem Hana / Al Jazeera]

Fuente: Gaza’s drinking water spurs blue baby syndrome, serious illnesses

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Fuente: Sandy Tolan, Al Jazeera News / Traducción: Palestinalibre.org