Gaza: Perder un ojo por defender un sueño

El 30 de marzo se cumplen dos años de la Gran Marcha del Retorno en la franja de Gaza, una protesta popular para exigir el fin del bloqueo israelí y el derecho al retorno de los refugiados de Palestina. Mai perdió un ojo en las protestas: «Un soldado israelí me miró y señaló su ojo. Con solo una mirada, apuntó su arma hacia mí y disparó. La bala me alcanzó directamente el ojo. Después, entendí que cuando él apuntó a su ojo, quiso decir que apuntó a mi ojo.» Hace muchos años, las mujeres palestinas trabajaban con sus maridos en el campo y ahora lideran las protestas en la valla de separación entre Israel y la franja de Gaza.

Mai, hoy sentada en el sofá de su casa AMJAD SHABAT / FRANJA DE GAZA

“Mi cara estaba sangrando. Grité. Había perdido un ojo». Así es como Mai describe el momento en el que perdió uno de sus ojos el 26 de diciembre de 2019. Mai Abu Ruida, tiene 20 años y continúa la historia, sentada hoy en el sofá de su casa: «He protestado pacíficamente cada semana cerca de la valla de separación entre Israel y Gaza por el derecho al retorno y para romper el asedio impuesto a la franja de Gaza. He protestado pacíficamente cada semana contra la ocupación israelí desde que comenzó la Gran Marcha del Retorno, el 30 de marzo de 2018″.

Mai describe el difícil momento antes de que un francotirador israelí le disparase al ojo con una bala de goma. Dijo: «Mientras estábamos de pie pacíficamente cerca de la valla que nos separa del resto del territorio Palestino ocupado, los soldados israelíes nos dispararon fuertemente con balas de goma y bombas de gas lacrimógeno».

«Entonces, una relativa calma prevaleció por un periodo corto de tiempo. Un soldado israelí me miró y señaló su ojo. Con solo una mirada, apuntó su arma hacia mí y disparó. La bala me alcanzó directamente el ojo. Después, entendí que cuando él apuntó a su ojo, quiso decir que apuntó a mi ojo.»

La lesión obligó a los médicos a quitar completamente el ojo de Mai en una cirugía a la que se sometió en el Hospital Oftalmológico de Al-Nasr, en el centro de la ciudad de Gaza. No obtuvo permiso para viajar fuera de la franja de Gaza y recibir tratamiento. Mai esperó durante mucho tiempo un permiso para pasar por el puesto de control israelí de Erez y completar su tratamiento fuera de la franja de Gaza, pero fue rechazada.

Mai vive con sus padres en el campamento de refugiados Al-Maghazi, en una casa de tres pisos. Es la quinta hija de Suleiman Abu Ruwaida, empleado de la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina, UNRWA. El padre trabaja para la Agencia desde 1996 como portero en una escuela primaria situada en los límites del campamento.

Ver a Mai, es ver a una mujer grande y fuerte. Después de hablar con ella, su resistente voluntad y su capacidad para expresar lo que tiene en mente aparece cuando elige cuidadosamente sus palabras mientras dice: «Todo lo que cambió en mi vida después de la lesión es que tengo que girar la cabeza ligeramente a la derecha para aumentar el campo de visión».

«Después de la lesión, viví con un fuerte dolor de cabeza. El dolor de cabeza desapareció y ahora continúo viviendo mi vida de forma completamente natural. El único obstáculo al que me enfrento es golpear las cosas mientras camino, ya que casi siempre voy rápido».

Mai se refiere a su vida como «antes» y «después» de la lesión. «Me gradué de la universidad un mes antes de la lesión y obtuve un diploma en secretariado médico de la Universidad de Al-Azhar en Gaza. Después de la lesión, me uní a un curso de primeros auxilios proporcionado por una institución local en el campamento”. Mientras publicamos este artículo, es el último día del curso para Mai y la fecha de su examen final.

«Decidí hacer un entrenamiento en primeros auxilios para ayudar a los heridos de Gaza, especialmente a las mujeres que podrían ser heridas por el ejército israelí, ya sea en la valla de separación o por los ataques aéreos».

«Tengo miedo de no ser madre», dice Mai, y mira con su ojo izquierdo, el único que tiene ahora, a su padre. Sus mejillas están sonrojadas. Parece distraída, pero continúa: «Yo, como otras mujeres, sueño con la libertad de mi pueblo, con tener una casa independiente, un trabajo, y una niña que se parezca a mí. Sueño con visitar Cisjordania y Jerusalén. «Estos son mis sueños. No los he cambiado ni los cambiaré ni antes ni después de la lesión. Ella sigue riéndose: «No estaría nada mal tener también mi propio coche.»

«Después de la lesión, algunas personas nos culparon a mí y a mi familia, porque participé en la Gran Marcha del Retorno, pero rápidamente ignoré sus palabras. Nunca me arrepiento de haber participado. Esta lesión aumentará mi fuerza porque mi objetivo es levantar la voz al mundo desde aquí para acabar con el bloqueo israelí de Gaza. Hago un llamamiento para volver a nuestros hogares de los que fuimos desarraigados en 1948. Reclamo que se rindan cuentas por el francotirador israelí que me disparó al ojo derecho con premeditación”.

El fin del bloqueo israelí cobra más urgencia que nunca

La demanda del fin del bloqueo cobra ahora más urgencia que nunca. El COVID-19 ya ha llegado a la franja de Gaza y es necesario el levantamiento del bloqueo para hacer frente a lo que se puede convertir en el mayor desastre humanitario de la historia de Gaza, y para que mujeres y hombres como Mai tengan derecho, para empezar, a la vida.

Durante décadas, la lucha y resistencia de las mujeres refugiadas de Palestina fue la lucha por la defensa de los derechos humanos de todas las personas y especialmente por el derecho a la autodeterminación y el derecho al retorno. Hace muchos años, las mujeres palestinas trabajaban con sus maridos en el campo y ahora lideran las protestas en la valla de separación entre Israel y la franja de Gaza.

Fuente: Amjad Shabat, El Diario – España