Hebrón, ¿Cuántos controles militares has de cruzar para llegar al cole?

La tensión e incertidumbre que experimenta el alumnado palestino para poder ejercer su derecho a la educación es enorme. Ir a la escuela bajo ataques permanentes y a diario de militares, colonos y terroristas que cuentan con la mas absoluta impunidad es simplemente indescriptible. Si imaginarlo resulta complicado, vivirlo es indescriptible.

Por UNRWA España

“Nos ha tocado vivir en una zona muy sensible, y nos gustaría ir tranquilamente al colegio, jugar…Ni si quiera sabemos por qué el ejército está aquí”.

“No es para nada algo normal cruzar puestos de control del ejército para ir al colegio, es algo que he hablado con mis amigos y mis primos, ¿por qué tenemos que atravesar un puesto de control? Un día está abierto, otro está cerrado…Nosotros solo queremos ir al colegio y volver”. Con esta contundencia Wassem, de 15 años, se queja de las trabas que tiene que superar cada día para ir a la escuela. Unos obstáculos a los que hacen frente 2.200 niños y niñas que como él conviven rodeados de armas, violencia y puestos militares de control en esta zona de Hebrón.

Los estudiantes de las escuelas de Hebrón, ciudad a 30 kilómetros al sur de Jerusalén y la más grande de Cisjordania, no gozan del entorno escolar seguro y protegido del que idealmente deberían todos los niños y niñas del mundo. Más de la mitad de las personas que viven en Cisjordania está bajo control civil y militar israelí. Se calcula que en Hebrón viven más de 200.000 palestinos y palestinas y unos 850 colonos israelíes que ocupan aproximadamente el 15% de la ciudad. Dichos colonos gozan de un sistema de gobierno propio y viven con la protección de 600 soldados, casi un soldado para cada ciudadano israelí.

La tensión e incertidumbre que experimenta el alumnado palestino para poder ejercer su derecho a una educación de calidad es, cuanto menos, incomprensible. “Nos ha tocado vivir en una zona muy sensible, y nos gustaría ir tranquilamente al colegio, jugar…Ni si quiera sabemos por qué el ejército está aquí”.

A los registros diarios por parte de las autoridades israelíes, se le suma el hostigamiento y la violencia de los colonos que viven en la zona. “No solo hay problemas con el ejército. Recuerdo que los israelíes tenían vacaciones, estaba atravesando un control con mi familia y un grupo de colonos empezaron a tirarnos piedras”, comenta Wassem.

Las operaciones militares frecuentes en la ciudad implican el uso de munición real, gases lacrimógenos y bombas de sonido. “Cuando ven un gran número de estudiantes que salimos del colegio, piensan que es una protesta, empiezan a intentar dispersarnos y lo primero que hacen es lanzarnos bombas de humo”.

El personal del Departamento de Protección y Neutralidad de la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados y refugiadas de Palestina en Cisjordania trabaja en colaboración con el personal y los estudiantes de algunas de las escuelas de UNRWA para mejorar la situación. “Monitorear y estar presente te da una mejor comprensión de los enormes desafíos. Te conviertes en parte de la escuela; lo que ellos sienten, tú lo sentirás con ellos. Nuestra presencia genera la confianza. Así, podemos documentar mejor los incidentes y esto, a su vez, mejora nuestra interacción con las autoridades israelíes para tratar de evitar que estos incidentes vuelvan a ocurrir”, dice Heidi, miembro del equipo, haciendo referencia al lanzamiento de gases lacrimógenos.

Y a pesar de todo ello, los jóvenes no desisten y continúan asistiendo a sus clases, sin saber qué les deparará el día. Los colegios son sus refugios, donde aprenden, comparten y además, resisten. Allí vuelcan sus energías, sus ganas y su frustración. Los maestros y maestras se convierten en mucho más que profesores, se transforman en guías, confidentes y protectores. Las puertas de las escuelas son su mayor tesoro. Un tesoro que salvaguardar, pues les permite volar con sus mentes aún en un contexto de libertad truncada.

Los sueños, celebraciones e ilusión.

La tensión, rabia y heridas.

Todo confluye en las escuelas.

Si imaginarlo nos resulta complicado, vivirlo es indescriptible. Por eso, UNRWA ha lanzado el segundo episodio del podcast ‘Inshallah, un viaje a Palestina’. En él viajaremos a Hebrón y viviremos en primera persona el recorrido que hace Wassem cada día hasta su escuela.

 

Fuente: www.eldiario.es