Imam de Nueva Zelanda: «La islamofobia no surge de repente. Hay que acabar con los discursos del odio»

En el parque frente a la tiroteada mezquita de Al Noor, el rezo al aire libre fue un homenaje a las víctimas de la masacre de hace una semana en Christchurch

Hace justo una semana, Ziyaad Shah sufrió tres heridas de bala en el tiroteo contra la mezquita de Al Noor, en la ciudad neozelandesa de Christchurch. En silla de ruedas, y con las cicatrices todavía quemándole en la pierna derecha y las nalgas,no ha querido perderse el rezo del viernesante la tiroteada mezquita, celebrado al aire libre justo enfrente, en el parque de Hagley. Además de ser el día de oración más importante para la religión musulmana, la ceremonia se ha convertido en un multitudinario homenaje al centenar de fallecidos y heridos en la masacre. Un atentado terrorista que ha conmocionado al mundo entero y fue perpetrado por un joven australiano obsesionado hasta el odio asesino con los inmigrantes musulmanes, como el propio Ziyaad Shah, quien vino de Sudáfrica hace ya doce años y se sentía «inspirado» por la masiva asistencia al acto.

«Hermanos y hermanas del islam. Hermanos y hermanas de Nueva Zelanda. La islamofobia mata», advirtió ante la multitud el imán de la mezquita de Al Noor, Gamal Fouda, quien sobrevivió al atentado de la semana pasada. Tras guardar dos minutos de un silencio sepulcral, solo roto por el helicóptero de la Policía que sobrevolaba el parque, Fouda pronunció un discurso en el que agradeció la respuesta de la sociedad neozelandesa, pero también alertó contra la creciente aversión a los musulmanes.

«La islamofobia no nace de repente. El asesinato de 50 inocentes y las heridas que sufrieron más de 40 se deben a la retórica antimusulmana de algunos políticos y medios de comunicación. Pero el terrorismo no tiene raza, color ni religión. El supremacismo blanco y la extrema derecha son una amenaza para toda la humanidad y deben acabar ahora. Hay que detener los discursos del odio, en Nueva Zelanda y los países de alrededor. que siembran el miedo al islam», aleccionó el imán ante los varios miles de personas que se habían dado cita en el parque de Hagley. Además de los heridos, en primera fila, y los fieles musulmanes que asistían al rezo, acudieron numerosos vecinos de Christchurch para mostrar su solidaridad con las víctimas y su rechazo al atentado. Por respeto a la religión musulmana, la mayoría de las mujeres se cubrían la cabeza con un pañuelo, un sencillo gesto que el imán agradeció.

«Gracias por vuestras lágrimas, gracias por vuestras “haka” (bailes tradicionales maoríes), gracias por vuestro amor y compasión y gracias a nuestra primera ministra», dijo Fouda saludando la presencia de Jacinda Ardern, que tampoco quiso perderse esta ceremonia. Su gestión al frente de la crisis desde el primer momento, abrazando a los familiares de las víctimas y prohibiendo de inmediato las armas militares como la empleada en el tiroteo, ha supuesto una auténtica lección para los políticos de todo el planeta, cada vez más faltos de humanidad. «Gracias, Nueva Zelanda, por enseñarle al mundo lo que es amar y cuidar a alguien», añadió el imán para alabar la reacción de este pequeño país, cuya tranquilidad estalló en mil pedazos hace ahora una semana.

«Este terrorista quería romper nuestra nación con una ideología malvada. Pero le hemos demostrado que Nueva Zelanda no se puede romper», animó Gouda entre los aplausos de los asistentes. Tal y como recordó, la semana pasada vio «odio y rabia en los ojos del asesino y hoy veo amor y compasión». Un ejemplo de unidad que ensalzó porque, según dijo, «tenemos el corazón roto, pero no estamos rotos. Estamos vivos, estamos juntos y estamos decididos a no dejar que nadie nos derrote», arengó mientras sus fieles gritaban tímidamente «Alá Akhbar» («Alá es el más grande») y el resto aplaudía.

Con las emociones a flor de piel, como se ha vivido toda esta semana traumática en Christchurch, se dirigió a las familias de las víctimas para asegurarles que sus «seres queridos no han muerto en vano» porque «su sangre ha regado las semillas de la esperanza en todo el mundo». Abatidos por el odio irracional, concluyó que «no son solo mártires del islam, sino de toda Nueva Zelanda».