La historia olvidada de Al Main que pocos israelís quieren recordar

Una exposición explica la expulsión de los habitantes del pueblo palestino de Al Main en 1948 a los israelís que habitan ahora sus tierras. La exhibición, obra de la oenegé De-Colonizer, provoca la ira de algunos vecinos, que niegan los hechos, pero conmueve a otros

Vecinos de los kibutz Nir-Oz y Nirim visitan la exposición. / ANA ALBA

“En casa de mi abuelo había un pozo de 70 metros de profundidad con agua. La gente de la zona bebía allí. Había molinos que chirriaban y árboles. Cuando entraron los judíos en 1948 atacaron la zona y volaron el pozo. El humo formó una espiral hacia el cielo. Lo vi cuando tenía 6 años”, relata Ahmad Abu Sitta, conocido como Abu Ala, en el jardín de su casa, un oasis verde entre las áridas localidades de Jan Yunis y Rafah, en el sur de Gaza.

“Vivíamos una vida bonita hasta que llegaron la ocupación y el exilio. Íbamos un grupo de mujeres y niños. Recuerdo las caras de miedo y que nos fuimos hacia el mar. Teníamos hambre”, añade a su detallada narración sobre Al Main, el pueblo palestino donde nació, arrasado en 1948 por fuerzas israelís durante la Nakba (catástrofe en árabe), la expulsión y huida de más de 700.000 palestinos cuando se creó el Estado de Israel.

Al Main se encuentra en lo que ahora es el sur de ese país, a muy poca distancia de Gaza, aunque no se halla en las indicaciones de la carretera. En sus tierras se levantaron cuatro kibutz, comunidades agrícolas judías de origen socialista.

El nombre de la aldea ha vuelto a leerse durante unos días en carteles colocados por la organización israelí De-Colonizer, que la ha reubicado en el mapa y ha logrado identificar montones de piedras como restos de una tienda de comestibles, hogares y el colegio de la aldea, donde vivían más de mil palestinos. Los cofundadores de De-Colonizer, Eitan Bronstein y Eléonore Merza, identificaron las ruinas de los edificios gracias a una foto aérea de la zona de 1945.

La ‘Casa Blanca’

En una zona terrosa, solitario, resiste un edificio que los habitantes de los kibutz conocen como la “Casa Blanca”. Ninguno de ellos sabía que pertenecía al abuelo de Abu Sitta. La casa, que se encuentra en el kibutz Nir-Oz, se convirtió en galería de arte. Su última exposición, “De aquí, de allí”, presenta la historia de Al Main, desconocida por muchos de los vecinos de los kibutz.

La exhibición es obra de De-Colonizer, que investiga y documenta la Nakba y editó un mapa en el que ubica las ruinas de 672 localidades palestinas destruidas total o parcialmente, así como 44 comunidades judías arrasadas en ese periodo.

Bronstein conoce a uno de los palestinos expulsados de Al Main en 1948, Salman Abu Sitta, que en el 2016 escribió el libro ‘Mapping my return. A Palestinian Memoire’. Abu Sitta, que tenía 11 años cuando huyó con su familia hacia Gaza y cuyo relato del ataque a Al Main puede oírse en la exposición, le preguntó a Bronstein si le gustaría llevar su historia a los vecinos del kibutz y preguntarles qué piensan respecto al derecho al retorno de los refugiados palestinos, reconocido por resoluciones de la ONU y rechazado por Israel.

El día de la apertura de la exposición, el pasado julio, diversos habitantes del kibutz acudieron a la galería de arte. En la puerta les saludó un cartel que rezaba: “Esta casa fue construida por Ahmad Muhammad Saqer Abu Sitta (Abu Breisha)”, el abuelo de Abu Ala.

La exhibición, que desafía la narrativa oficial israelí sobre lo que ocurrió en 1948 con la creación del Estado de Israel, ha causado un gran impacto en los kibutz y ha generado un acalorado debate.

Reacciones diversas

“Las reacciones son muy fuertes: unos se enfadan mucho e incluso no se creen la historia de lo que ocurrió en Al Main. Otros se conmueven y están agradecidos por haberles contado una historia que nunca oyeron. Algunos estaban dispuestos a que los de Al Main volvieran para vivir juntos”, indica Bronstein. Y apunta que las reacciones “más duras y negativas fueron de hombres, parece que las mujeres tienen mayor capacidad para abrirse a la historia del otro”. En la caja depositada en la exposición para que los visitantes dejen mensajes a los refugiados de Al Main, casi todas las misivas están escritas por mujeres.

“Estoy muy impresionada. Siempre oímos la historia desde nuestro lado y esto suena completamente diferente. Nuestra versión dice que la historia de Nirim es de una guerra contra los egipcios, que nos atacaron. Los palestinos están completamente ausentes. Es interesante ver ahora que aquí también hubo una historia de los palestinos y que los atacaron”, explica Irit, vecina del kibutz Nirim desde 1973.

“Si queremos vivir un día en paz será solo después de que aceptemos su historia y ellos acepten la nuestra. Entonces quizás podamos compartir este lugar, vivir juntos”, añade Irit emocionada.

Los que reaccionan con enfado sienten “un rechazo que proviene de una fuerte negación de la Nakba. Israel está construido sobre esta negación, nuestra identidad israelí está muy basada en la negación de la historia palestina”, asegura Bronstein.

Exposición en Catalunya

“Los israelís mezclan la Nakba con la guerra. Para ellos, los palestinos empezaron la guerra junto a los árabes, perdieron y pagaron el precio. Pasan por alto la Nakba, que fue la expulsión de civiles. Al Main es una historia muy típica de lo que ocurrió en toda Palestina”, recalca Bronstein, que en octubre inaugurará la exposición en Castelldefels. El proyecto cuenta con financiación del Fons Català de Cooperació y podrá verse en algunos municipios de Catalunya.

Gadi Moses, nacido en 1954 y vecino del kibutz Nirim desde 1962, sale pensativo de la galería. “Estoy con el corazón encogido”, confiesa. “Conozco muy bien la tragedia de la gente que vivió aquí antes de que viniéramos. Como agricultor, sé que había casas, eran piedras con las que las herraduras o los tractores se dañaban. Pero me parece que esta exhibición presenta solo una realidad”, señala Moses.

“Yo soy parte de la culpa, pero no toda la culpa está aquí en esta casa. Los palestinos sufrieron una tragedia, pero no es toda la tragedia, es parte de la tragedia a los dos lados de la frontera”, considera Moses.

Este agricultor piensa que los jóvenes no visitarán la exposición -por la que han pasado más de cien personas en un lugar de 600 habitantes- porque no les preocupa conocer el pasado sino el presente de los cohetes que lanzan milicianos desde Gaza.

El límite con la franja está a solo 3 kilómetros de la exposición, de la casa que un día construyó el abuelo de Abu Ala en Al Main. Está a solo 7 kilómetros del jardín en el que Abu Ala se refugia del pegajoso calor gazatí y en el que suspira mientras contempla fotografías de la exhibición en las paredes de lo que fue su hogar.

Fuente: Ana Alba, El Periódico de Catalunya