La olvidada crisis de Líbano, un país donde la mitad de su población son refugiados

La masiva crisis de los refugiados se hizo visible en las últimas semanas porque Europa, que apenas puede esbozar respuestas de compromiso, es la afectada.

Sin embargo, existe un pequeño país, ubicado en el centro de la región en crisis, que desde hace cuatro años padece esta situación, que se torna cada vez más insostenible: Líbano

Con poco más de 10.000 kilómetros cuadrados de superficie y cuatro millones de habitantes Líbano acoge en su territorio a dos millones de refugiados (equivalente a que Argentina recibiera a 20 millones de personas de golpe), con la ayuda internacional casi cortada, fronteras calientes y cerca naciones en las que los islamistas pugnan por imponer sus posiciones.

«Líbano abrió sus puertas y a los refugiados les da colegio para sus niños, universidades, electricidad, agua, comida, todo. Sólo estamos pidiendo a la comunidad internacional que ayude», afirma en una entrevista con Télam Antonio Andary, embajador libanés en Argentina y palabra autorizada sobre la problemática.

Nacido en Kanaywer, Andary tiene una maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad Americana de Washington y es licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad de Texas, pero sobre todo es un estudioso de la problemática de los flujos migratorios en la región.

«Si la comunidad internacional fuera seria para buscar una solución -explica Andary- deberían resolver el problema de Siria e Irak para que los refugiados se queden en sus tierras».

En ese sentido no duda en sostener que con voluntad existe una solución fácilmente aplicable en el corto plazo: una zona de seguridad en Siria y otra en Irak, bajo supervisión de la ONU, para que la gente se quede en su tierra mientras se resuelva el problema de fondo.

Un proverbio árabe dice que el desierto pertenece a Arabia, el Nilo a Egipto y las montañas a Líbano. Son esas montañas las que siempre sirvieron de refugio para los pueblos perseguidos del Medio Oriente, incluso pese a la terrible guerra civil que el país soportó entre 1975 y 2005.

Los números no dejan mentir: cuenta con 18 sectas religiosas reconocidas, de las cuales el 54% son musulmanes (27% sunnita y 27% chiita); el 40.5% son cristianos; el 5,6% son drusos y el porcentaje restante está constituido de pequeños grupos de judíos, bahais y budistas.

La actualidad, sin embargo, golpea con dureza. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) ya advirtió que no alcanzan las raciones y el Acnur alerta sobre el peligro de no poder controlar la situación.

«Todavía no hay hambruna porque a lo que otorga el gobierno se suma la ayuda del pueblo libanés, que manda comida a las familias pobres, aunque por supuesto eso solo no alcanza», relata Andary.

No obstante, advierte que se está produciendo un desequilibrio social porque la democracia en Líbano es muy frágil, ya que «aumentaron los crímenes y secuestros, problemas que antes no teníamos y que ahora se ven más y más».

A diferencia de lo que sucede en campamentos de otros países, los refugiados en Líbano no están encerrados, pueden salir a trabajar, pero producen problemas colaterales como la existencia de mano de obra barata o proliferación de gente que pide en las calles.

La situación política y económica de Líbano es complicada. De hecho, la Presidencia se encuentra vacante desde mayo de 2014. cuando acabó el mandato de Michel Suleiman, y el Parlamento elegido en 2009 prorrogó su mandato y aplazó las elecciones hasta 2017.

Esta crisis, además, está rodeada de otra que parece una olla a presión a punto de estallar: la presencia de refugiados mayoritariamente sunnitas en la región sur del país, donde predominan los chiitas.

La preocupación del experto pasa por el supuesto beneficio que está recogiendo Israel, habida cuenta de que la crisis de los refugiados silenció su histórico problema con los palestinos.

«Hay un desequilibrio muy grande entre las fuerzas armadas libanesas y el Ejército israelí y vemos que Israel entra y sale de Líbano sin ningún control, hace lo que quiere y al enfrentarse con las milicias de Hezbollah (chiitas que dominan el sur del Líbano), se produce una balanza de terror», analiza Andary.

Respecto al papel que juega Europa, el diplomático también fue terminante al sostener que tiene la obligación de hacer un esfuerzo para resolver este problema, porque «fueron las grandes potencias las responsables de que la gente huyera».

«Europa sólo está recibiendo el uno por ciento de los refugiados que recibimos nosotros. Hungría, veinte veces más grande que Líbano, no quiso recibir a nadie. No hay voluntad política y alguien se está beneficiando con esto», sostiene.

Y agrega: «No puedo imaginar que una alianza de 60 países no pueda con esa banda de forajidos del Daesh (acrónimo árabe para referirse al Estado Islámico)».

Para Andary, las infiltraciones de yihadistas que cruzan las fronteras no pudieron imponerse todavía, pero sí advierte de otro inconveniente.

«Este fenómeno puede cambiar la cara de Europa en 10 ó 15 años, porque sabemos que estas cosas se inician como una cuestión humanitaria y después empieza a infiltrarse el terrorismo de un modo u otro se produce el problema mayor», analiza.

Además, el experto no ve problemas de racismo y xenofobia como en otros países europeos, aunque alerta que eso se mantendrá así siempre y cuando no ingresen factores externos, como pasó con los campamentos de Sabra y Chatila, cuando en septiembre de 1982 el ejército israelí dio carta blanca a sus aliados falangistas cristianos para que masacraran a miles de civiles palestinos y libaneses.

Finalmente, Andary sostiene que en lo inmediato Líbano está pidiendo mejores armamentos para sus Fuerzas Armadas para proteger sus fronteras del EI, además de ayuda para los refugiados a través de comida, artefactos para cocinar, píldoras para purificar el agua, ropa y medicamentos.

«Tenemos en claro que eso no puede durar para siempre, por lo que reclamamos crear zonas de seguridad para que la gente espere en su tierra la solución definitiva a los problemas», concluyó el diplomático para que no queden dudas de que el tema debe tratarse en profundidad.

FUENTE TELAM