Lecciones de terror israelí en Chile

Nada más parecido a lo que sucede en Chile que la práctica cotidiana de las fuerzas de ocupación israelíes contra la indefensa población palestina en Cisjordania, Gaza y Jerusalén, donde francotiradores disparan a mansalva contra las piernas o el rostro de jóvenes.

Es cotidiana la violencia de las fuerzas de ocupación israelíes contra la indefensa población palestina. Foto: HispanTV

Las dictaduras y gobiernos autoritarios oligárquicos, que pagan  cuerpos represivos para mantenerse en pie, muestran una perversa preferencia por crueles castigos a sus opositores, como cegarlos y paralizarlos con gases mientras protestan en las calles o, simplemente, arrancarle los ojos a tiros de perdigón.

Soldados del dictador cubano Fulgencio Batista hicieron prisionero, torturaron y le sacaron los ojos a Abel Santamaría Cuadrado, un joven de 25 años de edad, que participó junto a Fidel Castro en el Asalto al Cuartel Moncada, detonante de la Revolución Cubana el 26 de julio de 1953.

El mismo día de la caída del régimen batistiano, el primero de enero de 1959, simpatizantes de la Revolución que ocuparon los  centros de tortura de la policía, descubrieron azorados frascos de cristal llenos de ojos, arrancados a sus víctimas, odiosos trofeos que esgrimían amenazantes en sus interrogatorios, como el castigo ejemplar que aguardaba a los opositores detenidos.

Por estos días en Chile, dos jóvenes perdieron la vista para siempre y más de 200 sufren afectaciones de diversa gravedad como resultado de la violenta represión de manifestaciones de ciudadanos desarmados, por parte de la policía militarizada, los Carabineros, que escudados en trajes de protección estilo Robocop, armados con escopetas de perdigón y lanzagranadas de gases lacrimógenos, disparan sin piedad a sus rostros.

En Chile, así como en Ecuador, Colombia, Perú, Honduras, donde se producen estallidos sociales en rechazo a la insufrible falta de alimentos, atención médica, escuelas, techo y trabajo bien remunerado, sumado a  la inseguridad,  se aplican los mismos manuales de entrenamiento una misma escuela de represión fundada por Estados Unidos y perfeccionada por Israel.

La violenta respuesta del Gobierno de Piñera —ejecutada por Carabineros— contra las  masivas protestas de la población, en las que los más dañados por el modelo neoliberal dieron rienda suelta a su ira ante un nuevo aumento del costo del transporte público, revelaron el modo en que se cumple un acuerdo de cooperación en educación. Entrenamiento y doctrina militar firmado entre los gobiernos de Israel y Chile en 2018.

Nada más parecido a lo que sucede hoy en Chile que la práctica cotidiana de las fuerzas de ocupación israelíes contra la indefensa población palestina en Cisjordania, Gaza y Jerusalén, donde francotiradores disparan a mansalva contra las piernas o el rostro de jóvenes, que resultan mutilados de por vida.

La tesis de los ideólogos d el Estado sionista, al parecer inspirada en la legendaria pretensión del rey Herodes, es matar o frustrar el surgimiento de líderes palestinos en la propia cuna, en edad escolar, o en la edad juvenil y universitaria, donde quiera que asomen su talento y disposición patriótica de sacrificio.

Tal semejanza en la actuación de represores israelíes y chilenos fue subrayada por The Independent, de Gran Bretaña, en  un artículo firmado por Benjamin Zinevich, quien recordó como antecedente «la vibrante historia de la colaboración militar entre Chile e Israel».

Un informe titulado «El militarismo israelí en América Latina», elaborado por activistas de varios países contrarios a la ocupación israelí de Palestina, sostiene que como el Estado de Israel «es una fuerza ocupante —una fuerza militar que necesita una constante inversión en investigación y desarrollo de armas— exporta al mundo ese mismo desarrollo militar, de control y seguridad».

En el informe se detalla que a partir de 1967 el régimen sionista comienza a tener injerencia en el comercio de las armas en Latinoamérica y en Chile, pero es a partir de 1974, precisamente durante el régimen golpista dictatorial de Augusto Pinochet, cuando se convierte en su principal proveedor.

El informe detalla que Israel vendió misiles, radares, armas ligeras, naves aéreas, navales y tecnología de «bombas de racimo» a la dictadura chilena, según confirmó la publicación de cables de la embajada de los Estados Unidos en Santiago de Chile.

Las  ventas en los años recientes incluyen gases lacrimógenos, globos de seguridad, y drones utilizados en el control en la región de la Araucanía, contra el pueblo mapuche, además de técnicas de entrenamiento a Carabineros y contratos con Gendarmería, los que incluyen suministro de grilletes para los presos, entre otros elementos de represión.

Asimismo, se indica que la Gendarmería ha sido entrenada por la Mossad (servicio de inteligencia israelí) específicamente en sus técnicas de tortura.

Por cierto, la analista Belén Fernández apuntó en The New Arab que en medio de la actual sublevación chilena, el periódico Israel Hayom publicó un artículo titulado «Armados con pasaportes, los agregados militares forman la línea de defensa menos conocida de Israel», en una lista de países encabezada por Chile.

A su vez, Carlos Basso, en un extenso y  bien documentado trabajo, publicado en The Clinic Online, afirma que «el Mossad, el servicio de inteligencia exterior de Israel, ha dejado pocas pero profundas huellas en la historia chilena».

Esa impronta tiene sus raíces en Washington, tal como lo revela ahora sin tapujos el secretario de Estado Mike Pompeo, al decir que «Estados Unidos ayudará a los gobiernos legítimos de América Latina a evitar que las protestas se conviertan en sublevaciones».

Las declaraciones de Pompeo refrendan «la legitimidad» de las 23 personas muertas en el país andino hasta la fecha como resultado de la represión.

Las raíces de su apología de la tortura forman el tejido visceral de la célebre Escuela de las Américas, establecida en Panamá en 1946, trasladada a Fort Benning, estado de Georgia, en 1984, y que desde febrero de 2001 opera con el higiénico nombre de “Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación de Seguridad”, aunque para quienes conocen sus objetivos siga siendo «la Escuela de los Asesinos».

Washington pretende impedir un desenlace de la crisis que satisfaga las aspiraciones populares y justificar los miles de heridos, detenidos, torturados y vejados, pero sobre todo, intenta acallar  a los más de 200 privados de manera total o parcial del derecho a percibir la luz y los cantos de libertad que anuncian sus gritos de cólera contra el insostenible fascismo neoliberal.

Fuente: Leonel Nodal, Juventud Rebelde – Cuba