Masacres en Jenin: Justicia tardía para la Brigada de los ‘Tanques de la Madre Teresa’

La cultura de la ocupación ha creado soldados que buscan causar un tornado de destrucción y salir de él sin una mota de polvo en sus uniformes.

Nissim Meghnagi, quien presentó una demanda por difamación en contra Mohammed Bakri, director de la película «Jenin, Jenin», le dijo al diario israelí Yedioth Ahronoth: «Cuando comprobé antes del juicio, quién de nuestra brigada había visto la película, descubrí que nadie la había visto.  Todos los que conozco querían desconectarse, olvidarse de ello”. Eso es interesante, dado que el Mayor de Reserva Yisrael Caspi, que había estado allí, dijo: “Luchamos como la Madre Teresa -de Calcuta-, esa enfermera compasiva”. Si ese fuera el caso, uno esperaría que todos los soldados del batallón corrieran a visitar a aquellos caídos que requerían auxilio como una enfermera compasiva. Pero en el fondo, todos saben que sucedió algo terrible allí, sobre lo cual, es mejor no hablar.

El campo de refugiados de Jenin se levantó en 1953, y la mayoría de sus residentes son refugiados palestinos de la región de El Carmel en Haifa. Cuando el ejército israelí ocupó el campo en 2003, unos 15.000 refugiados vivían allí en difíciles condiciones en 47 hectáreas, soñando con que algún día no serían refugiados

No pregunto como palestino o judío, sino simplemente como ser humano: ¿Qué debe hacer un soldado cuando se enfrenta a un campo de refugiados sitiado con las armas más avanzadas y sofisticadas del mundo, y su objetivo es someter a las personas desesperadas y que han decidido no rendirse y no sumar otro escalón a la tragedia que se viene desarrollándose desde 1948?

Hace unos meses hubo una respuesta. Hallel Rabin, una joven judía, decidió no hundirse en el pantano de la ocupación¿Por qué debería estar allí cuando sus camaradas estaban a punto de cometer actos que solo conducirían a la muerte y la destrucción? Cualquier persona racional, no sólo moral, diría a sí misma: Lárgate de ahí, no seas un héroe en los cuerpos de los débiles, ni siquiera seas la Madre Teresa si vienes en un tanque. Después de todo, la verdadera Madre Teresa llega secando lágrimas y ofreciendo ayudas.

La cultura de la ocupación ha creado soldados que buscan causar un tornado de destrucción y salir de él sin una mota de polvo en sus uniformes. Esta ambición ha estado presente desde el principio, desde la glorificada generación de 1948, que hoy resulta ser una generación de ladrones. Blanquear la conciencia es algo lamentable. Los soldados que querían limpiarse de lo que Teddy Katz -académico israelí que realizó investigaciones sobre la limpieza étnica que Israel llevó a cabo en 1948- les atribuía en su trabajo académico se olvidaron de explicar cómo se produjo la expulsión de todos los residentes de la aldea de Tantura con sus “puras y morales armas”. Lo importante, incluso si no hubo masacres, fue que enviaron a estas angustiadas personas a los sitios de una eventual matanza. La escritora egipcia Radwa Ashour habla de los residentes de Tantura terminaron siendo asesinados en Sabra y Chatila.

En Jenin “sólo” 52 de los 15.000 refugiados murieron. Una proporción similar en Gaza, que tiene 2 millones de habitantes, serían de 7.000 muertos. Todo un barrio fue arrasado. Veintitrés soldados israelíes también murieron en suelo extranjero; jóvenes a los que les esperaba un futuro diferente, lejos de la muerte.

Hubiera esperado que estos comandantes hicieran un examen de conciencia y se preguntaran por qué estaban allí, en una tierra que no le pertenece.

En su lugar, no estaría analizando cuatro minutos de una película en la que un anciano, conmocionado por la muerte y la destrucción, cuenta lo que vio y escuchó, lo que, naturalmente, dado el trauma, tendería a exagerar. Si sólo cuatro minutos son el problema, los otros 50 minutos son toda la verdad. Pero no hay ninguna posibilidad de que estos comandantes alguna vez hagan una revisión -autocritica- personal. Aquel que llamó a Bakri «un pedazo de basura que se esconde detrás de la ciudadanía israelí» o se queja de que están obteniendo un «seguro nacional» o tiene la supremacía implantada en lo más profundo de su corazón y permanecerá obtuso, sin entender lo que hizo, incluso sin esos cuatro minutos. Después de ganar su caso, estos comandantes no pueden enorgullecerse de haber estado allí mientras el campamento sangraba.

Por el contrario, Bakri puede decirles a sus nietos que durante el momento de la verdad sirvió como voz para personas traumatizadas que no tenían voz.

 

Fuente: Diario israelí Haaretz
Traducción de PalestinaLibre.org