Mensaje de Líder iraní en 40.º aniversario de Revolución Islámica

El Líder de la Revolución Islámica de Irán, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, recibe a altos cargos de la Fuerza Aérea del Ejército, 8 de febrero de 2019. (Foto: Khamenei.ir)

El Líder de Irán, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, ha emitido un comunicado en ocasión del 40.º aniversario de la Revolución Islámica.

La Revolución Islámica celebró su 40.º aniversario y entró en la quinta década de su vida, mientras los enemigos difundían falsas alegaciones, sus amigos a lo largo del mundo, en cambio, vieron, a Dios gracias, un país orgulloso de superar los desafíos y obtener impresionantes mejoras.

En este punto de reflexión, el Líder de la Revolución Islámica ha emitido este miércoles “El comunicado del segundo paso de la revolución”, en el que ha explicado los destacados logros en las últimas cuatro décadas y ha ofrecido recomendaciones básicas con el objetivo de realizar la “gran yihad para hacer un gran Irán islámico”.

El comunicado se dirige a la nación iraní, en particular a los jóvenes, y será como una instrucción para “la segunda etapa del autodesarrollo, la socialización y la civilización”. Además, figurará el “nuevo capítulo de la vida de la República Islámica”.

A continuación el texto completo del comunicado:

En el nombre de Dios, el infinitamente misericordioso

Toda la alabanza corresponde a Dios, el Señor de los mundos, y vayan paz y saludos para nuestro Profeta (Mohamad), sus allegados, sus compañeros elegidos y aquellos que los sigan haciendo el bien hasta el Día del Juicio.

Entre todas las naciones que sufren la opresión, pocas se esfuerzan por lanzar una revolución; y entre las naciones que se han alzado y lo han hecho, pocas han perseverado hasta el final, salvaguardando sus valores revolucionarios, no yendo la mayoría más allá de un simple cambio de Gobierno. La gloriosa Revolución de la nación iraní, que es la mayor y más popular revolución de la era contemporánea, es la única que ha persistido durante cuarenta años de dignidad sin traicionar sus valores. Esta Revolución ha preservado su dignidad frente a todo tipo de tentaciones que parecían irresistibles, y ahora entra en su segunda fase, la de la autorrealización y la construcción civilizatoria. Vaya un sincero saludo a esta nación, a la generación que inició y continuó la Revolución Islámica y a la que actualmente entra en el gran proceso mundial de los segundos cuarenta años.

La Revolución Islámica de Irán entró en escena con poderío y majestuosidad en una época en que el mundo estaba dividido en los dos bloques materialistas del Este y el Oeste, y nadie podía sospechar que pudiera surgir un gran movimiento religioso. Rompió los esquemas, prestando atención tanto a este mundo como al más allá y anunció la llegada de una nueva era. Que los dirigentes extraviados y opresores se opusieran era natural, pero esa oposición fue vana. La izquierda y la derecha del mundo moderno lo hicieron todo, desde fingir que no oían aquella nueva y distinta voz hasta esforzarse por variadas y numerosas vías por sofocarla; pero todo ello no hizo más que acercarlas a su muerte cierta. Y hoy en día, transcurridas cuarenta fiestas anuales por el triunfo de la Revolución, cuarenta Décadas del Alba, uno de aquellos focos de enemistad (la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS) ya ha desaparecido, y el otro trata de lidiar con problemas que vaticinan su cercana agonía. Mientras tanto, la Revolución Islámica avanza manteniéndose leal a sus principios.

De toda cosa se puede esperar que le llegue su fecha de caducidad, pero los principios universales de esta revolución religiosa hacen excepción y nunca perderán su validez, por estar profundamente arraigados en la naturaleza humana, sea cual sea la época. La libertad, la moral, la espiritualidad, la justicia, la independencia, la dignidad, la razón y la fraternidad no son exclusivas de una sola generación o sociedad, de modo que brillen en un período y decaigan en el siguiente. Es imposible imaginar a un pueblo que se hastíe de esos beneficiosos ideales. Si en algún momento hay hastío, es por haberse desviado los responsables de esos valores sagrados en lugar de preservarlos.

La Revolución Islámica, un fenómeno vivo y dotado de voluntad, se mantiene siempre flexible y lista para corregir sus errores, pero ni admite revisionismo ni cae en la pasividad. Es sensible de manera positiva a las críticas, que considera una bendición divina y una advertencia a quienes hablan sin actuar, pero bajo ningún pretexto se aleja de sus valores, entrevarados con la fe religiosa del pueblo. Tras establecer un sistema, la Revolución Islámica no ha caído ni caerá en el estancamiento y la parálisis, y no ve contradicción entre el dinamismo revolucionario y el orden político y social, sino que defenderá hasta el fin de los tiempos la teoría del orden revolucionario.

La República Islámica no está anquilosada ni carece de sensibilidad y comprensión frente a los nuevos fenómenos y situaciones sucesivos, pero mantiene un compromiso férreo con sus principios y es muy suspicaz respecto a sus líneas divisorias con sus rivales y enemigos. Nunca actúa con imprudencia respecto a sus líneas principales y no le importa solo permanecer, sino también la razón y el modo de permanecer. No cabe duda de que la distancia entre los deberes y la realidad siempre ha atormentado y atormentará las conciencias idealistas, pero esa distancia se puede recorrer, en las cuatro últimas décadas se ha recorrido una y otra vez en algunas cuestiones, y ciertamente en el futuro, gracias a la presencia de una juventud leal, sabia y animada, se recorrerá con más ímpetu aún.

La Revolución Islámica de la nación iraní ha sido poderosa, pero también amable e indulgente, y hasta ha sido victimizada. No ha caído en los extremismos y desviaciones que avergüenzan a muchos otros alzamientos y movimientos. En ningún conflicto ha disparado la primera bala, ni siquiera frente a Estados Unidos ni a (el antiguo dictador iraquí) Sadam Husein, sino que en todos los casos se ha defendido después de ser agredida, pero contraatacando siempre de manera muy poderosa. Desde su inicio hasta hoy, esta Revolución no ha sido nunca despiadada ni sangrienta, como tampoco pasiva ni vacilante. Ha defendido con franqueza y valentía a los oprimidos frente a opresores y matones. Esta valentía revolucionaria, esta honestidad franca y poderosa, este capacidad de acción a niveles mundial y regional en defensa de los oprimidos del mundo son un gran orgullo para Irán y los iraníes, ¡y ojalá así sea siempre!

Ahora, cuando comienza un nuevo capítulo de la vida de la República Islámica, a este humilde servidor le gustaría dirigir unas palabras a la juventud querida, a una generación que se prepara para comenzar una nueva etapa del gran Yihad (esfuerzo) por construir el gran Irán islámico. Lo primero que diré se refiere al pasado.

¡Queridos! No se puede aprender lo que no se sabe sino a través de la propia experiencia o escuchando las experiencias de otros. Mucho de lo que hemos visto y experimentado nosotros, su generación no lo ha visto ni experimentado todavía. Nosotros hemos visto y ustedes verán. Las próximas décadas son las suyas, y son ustedes quienes deben custodiar con motivación y trabajo su Revolución, acercándola a su gran ideal, que es la creación de una nueva civilización islámica y la preparación para el ascenso del gran sol de la Velayat, el Imam Mahdi, el Esperado Salvador Guiado. Para dar pasos firmes en el futuro, hay que conocer bien el pasado y aprender de las experiencias. Si se descuida este modo de obrar, la mentira ocupará el lugar de la verdad y se cernirán sobre el futuro amenazas desconocidas. Los enemigos de la Revolución Islámica no dejan de tergiversar y mentir sobre el pasado e incluso el presente con fuerte motivación, contando para ello con dinero y con todo tipo de herramientas. Los bandoleros del pensamiento, el credo y la conciencia son muchos. De boca del enemigo y sus secuaces no se puede oír la verdad.

La Revolución Islámica y el sistema que derivó de ella comenzaron desde cero. En primer lugar, todo estaba en contra de nosotros: Tanto el régimen del Taqut (los Pahlavi) —que, además de su subordinación, corrupción, despotismo e ilegitimidad por provenir de golpes de Estado, fue el primer régimen monárquico de Irán que se instauró desde el extranjero, y no por la fuerza de la propia espada— como el Gobierno de EE.UU. y algunos Gobiernos occidentales más, así como la pésima situación interna de Irán, con un vergonzoso atraso en la ciencia, la tecnología, la política, la espiritualidad y todas las demás virtudes.

En segundo lugar, nosotros no contábamos con ninguna experiencia previa ni con ningún camino ya recorrido. Obviamente, los levantamientos marxistas y otros similares no podían servir de modelo a una revolución surgida del corazón de la fe y el conocimiento islámicos. Los revolucionarios islámicos comenzaron por tanto sin patrón ni experiencia, y la combinación del republicanismo y el Islam, así como los medios para dar forma y hacer progresar esa combinación, se lograron gracias a la guía divina, el corazón luminoso y el gran pensamiento del Imam Jomeini. Ahí brilló la Revolución Islámica por primera vez.

En ese momento, la Revolución de la nación iraní transformó el mundo bipolar de entonces en un mundo tripolar, y luego, con la caída de la Unión Soviética y sus satélites y el surgimiento de nuevos polos de poder, la nueva dualidad Islam-Arrogancia se convirtió en el fenómeno relevante del mundo contemporáneo, atrayendo la atención del mundo. Se fijó en la revolución iraní, por un lado, la mirada de las naciones oprimidas, las corrientes a favor de la libertad y algunos Estados deseosos de independencia; y, por otro, la mirada malintencionada y llena de odio de los regímenes opresores y avasalladores del mundo. Y así cambió la trayectoria del mundo, y el terremoto de la Revolución despertó a los faraones de su plácido sueño. Comenzaron las hostilidades con toda su intensidad y, si no fuera por el formidable poder de la fe, la motivación de nuestra nación y el confirmado liderazgo celestial del Imam Jomeini, habría sido imposible resistir ante tanta hostilidad y tantas conspiraciones