Nueva York, en dramática situación sanitaria por el desmanejo de Trump

La pandemia ya provocó 59.513 contagios y 965 muertos en todo el estado

Las cifras de casos y fallecidos aumentan a diario, y los trabajadores de la salud denuncian escasez de insumos básicos. El presidente republicano amagó con dictar la cuarentena, pero decidió dar marcha atrás a las pocas horas.

 
Imagen: EFE

En los últimos días, Nueva York dejó de ser la ciudad que nunca duerme para convertirse en el dramático epicentro del coronavirus en Estados Unidos. La Gran Manzana atraviesa una grave emergencia sanitaria. Los hospitales informan un número creciente de muertos y pacientes por la pandemia, y los trabajadores de la salud denuncian escasez de personal, respiradores, camas e incluso equipos de protección básicos. Algunos centros sanitarios incluso establecen morgues improvisadas para las víctimas. 

En el estado neoyorquino, los contagios llegaron a 59.513, cerca de la mitad del total a nivel nacional (136.880). En tanto, 965 personas ya perdieron la vida. El Covid-19 golpea particularmente a la numerosa comunidad latina que habita en Nueva York. Frente a esa situación, un dubitativo Donald Trump amagó con dictar la cuarentena en el estado de Nueva York y decidió dar marcha atrás a las pocas horas, luego de recibir una lluvia de críticas, entre ellas la del gobernador Andrew Cuomo. En un tira y afloje constante que mantiene en vilo a la población, Trump promete ayuda económica al estado, mientras que Cuomo le exige al gobierno federal más colaboración y menos palabras de compromiso. 

Los hospitales de Nueva York reciben a diario un aluvión de pacientes, y para hacer frente a esa demanda necesitan con suma urgencia más instalaciones, instrumentos y personal de salud. «No trabajo en un hospital, pero todos los informes que he leído dicen que las personas que trabajan allí están brindando una atención excepcional en circunstancias extremadamente difíciles y a menudo desgarradoras», sostiene en diálogo con PaginaI12 Scott Ratzan, académico de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY) y especialista en salud pública.

Elmhurst, uno de los hospitales más afectados de la ciudad, es un claro ejemplo de las dificultades que enfrentan los centros médicos y su personal en todo el país. «Es apocalíptico», aseguró a The New York Times la doctora Ashley Bray, que trabaja en Elmhurst. 

En sus peores 24 horas entre el martes y el miércoles pasado, el hospital registró 13 muertos por Covid-19. Ante esa drámatica situación, se instaló junto al edificio un camión refrigerado para acumular cadáveres, y se está trasladando a pacientes con otras afecciones hacia otras clínicas para que la institución pueda centrarse exclusivamente en los casos de coronavirus.

El hospital Elmhurst está situado en el distrito de Queens, una zona con gran presencia de inmigrantes, en su mayoría latinos y de bajos ingresos. A principios de marzo, tanto Elmhurst como el resto de los hospitales del estado neoyorquino comenzaron a experimentar un considerable aumento de pacientes con síntomas similares a los de la gripe. En ese momento, las pruebas llevaban mucho más tiempo porque no estaban descentralizadas: todos los tests del país debían pasar exclusivamente por la sede del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) en Washington.

Con el paso del tiempo, la guardia del hospital comenzó a llenarse, a menudo con más de 200 personas, obligando a muchas a esperar afuera para ser atendidas. En varias ocasiones, Elmhurst estuvo a punto de quedarse sin suficientes respiradores, lo que debió ser compensado con equipos llegados de otros centros.

La falta de materiales ocupó el jueves pasado la portada del tabloide New York Post , que junto al titular «Tratadas como basura» compartía una imagen de enfermeras del hospital Mount Sinai West de Manhattan, cubiertas de manera improvisada con bolsas de plástico para protegerse del virus. Las trabajadoras aseguran no disponer de más mascarillas y estar reutilizando las descartables.

No resulta nada fácil trabajar en ese contexto. Por citar otro ejemplo, en una sucursal del Centro Médico Montefiore, en el Bronx, no siempre hay suficientes camillas, por lo que algunos pacientes deben oermanecer sentados en sillas. La semana pasada, uno de ellos llegó estar sin cama durante 36 horas.

El impacto sobre la comunidad latina

De acuerdo al último censo  nacional realizado en 2010, la población latina en la ciudad de Nueva York es de 2,3 millones, y en el Bronx representa a un 54 por ciento del total. Lógicamente, una buena cantidad de infectados y de víctimas del coronavirus corresponden a esa nutrida comunidad.

Aunque el impacto sobre los latinos no es solo sanitario. Según una encuesta de la Escuela de Graduados de Salud Pública y Política de Salud de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), cuatro de cada diez latinos perdieron su trabajo en los últimos días.

«De la investigación de la encuesta que hemos realizado queda claro que, si bien muchas personas en Nueva York están bajo presión económica por el brote de coronavirus, nuestra comunidad latina e hispana ha enfrentado dificultades económicas más serias que cualquier otro grupo racial o étnico», asegura Ratzan, investigador a cargo del estudio.

El profesor de la CUNY admite desconocer los pormenores respecto a cómo los latinos están siendo tratados por el sistema de salud, aunque advierte: «Sin duda es más difícil para los estadounidenses sin seguro obtener un tratamiento de salud adecuado, y dado que el seguro de salud para la mayoría de las personas está vinculado a su empleo, la pérdida del trabajo generalmente significa la pérdida del seguro de salud».

Cuomo versus Trump

Frente a un escenario de extrema complejidad, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, solicitó autorización a la Casa Blanca para construir cuatro nuevos hospitales en el territorio. «Estamos lidiando con una bestia invisible e insidiosa. Esto no va a ser un despliegue corto, de esto no vamos a salir en unos días. Los trabajadores de salud, los militares, los voluntarios, nos encontramos en una misión de rescate: la misión es salvar vidas“, reflexionó el gobernador, sin rodeos.

Mientras muchos en Estados Unidos parecen descubrir la importancia de un estado activo y presente en cuestiones tan básicas como la salud pública, Cuomo le salió al cruce a Trump al solicitarle en más de una oportunidad 30 mil respiradores artificiales para pacientes graves. El gobernador criticó con dureza que el gobierno del magnate le hubiera mandado a su estado apenas 400. «¿Quieres una palmada en la espalda por enviar 400?» se preguntó Cuomo, visiblemente molesto en una de sus habituales conferencias diarias.

El gobierno federal prometió enviar un barco hospitalario de mil camas a Nueva York, aunque no está previsto que llegue al menos hasta mediados de abril. Las autoridades también planean instalar cuatro hospitales de 250 camas en el Centro de Convenciones Jacob Javits en el centro de Manhattan, que podrían estar listos en una semana.

El sábado, Trump sorprendió a propios y extraños al asegurar que le «gustaría ver una cuarentena en Nueva York, porque es un punto caliente». Cuomo aseguró que una medida de ese tipo sería una «declaración de guerra a los estados». Motivado por las críticas, Trump suspendió horas más tarde la incipiente medida. Tanto el gobernador como el alcalde Bill de Blasio coinciden en que es suficiente con que los trabajadores no esenciales permanezcan en sus hogares.

El histórico paquete económico de más de dos billones de dólares promulgado el viernes por el presidente incluye una partida destinada a efectuar pagos directos de 1.200 dólares para aquellos ciudadanos que tengan un salario menor a los 75 mil dolares al año. «Ahora los medios informan que Trump ha ordenado que su firma aparezca en todos los cheques de ayuda económica que se envían por correo a los hogares americanos», dice Ratzan desde Nueva York. Ni siquiera una catástrofe nacional parece privar al presidente de seguir haciendo campaña.

Informe: Guido Vassallo.

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