Palestina: Cuando una piedra puede tanto como un tanque

Un niño palestino de cuatro años ha sido llamado a declarar por supuestamente agredir a un soldado ocupante. ¿Hasta dónde es capaz Israel de violar los derechos humanos de la infancia árabe?.

Una bala de fusil o de ametralladora puede llegar a superar una velocidad de mil metros por segundo con lo cual causa un daño colosal sin importar el porte físico de quien dispare, ni tampoco la ubicación donde se encuentre.

Una piedra, lanzada desde un techo, alcanza una velocidad inicial de 20 metros por segundo. Si es proyectada desde el suelo hacia un blanco ubicado en el mismo eje referencial su impacto dependerá de la potencia de quien la lance.

No hay que ser un erudito para sopesar la diferencia entre un soldado, armado hasta los dientes, y un niño de cuatro años. El primero puede mutilar al segundo por mucho que este le haya tirado un objeto a escasa distancia.

El militar colonialista, además de la logística, se parapeta en una ideología racista sustentada en la creencia de que la fuerza suplanta los derechos humanos de aquellos que considera inferiores. El menor de edad ha aprendido, con reiteración y dolor, que al opresor se le combate con lo que aparezca a mano. Y en Palestina la tierra es prodiga en piedras y también en coraje.

Terrorismo de Estado

Desde 2015 Israel aprobó una implacable Ley que da luz verde a condenas de hasta 20 años de cárcel por tirar piedras contra vehículos si se verifica que la intención fue provocar daño, sin medir la avería en sí.

(cdn.hispantv.com)

Entonces de volver a penetrar criminalmente en la franja de Gaza, tal y como hizo en 2014, con sus potentes tanques blindados Merkava -que en 2020 estarán dotados con cañones láser-, y si la población asediada se le opone con guijarros, el ocupante está respaldado, no solo con su poder militar sino también con el jurídico, sustentado por el terrorismo de Estado.

Un niño puede cumplir largas condenas por defender a los suyos. Y en cambio el soldado agresor será condecorado por matar civiles. No hay que dominar las Leyes de Isaac Newton para pronosticar el resultado de un enfrentamiento tan desigual. Sin embargo, esta no es la lógica que impera cuando el genocidio contra el pueblo palestino pretende ser camuflado con argumentos “racionales” de legítima salvaguardia.

Este 1º de agosto volvió a ocurrir otra sinrazón: Israel llamó a declarar a Muhamad Rabia Alian, en el barrio Al-Isawiya, al este de la ciudad ocupada de Al-Quds (Jerusalén). Se trata de una personita de apenas cuatro años de edad quien fuera interrogado sobre el “lanzamiento de piedras contra coches militares israelíes”, denunció la agencia palestina WAFA.

El pequeño, conducido por su padre, lloraba y se preguntaba con miedo a donde lo llevarían. Terror que no es infundado porque el régimen sionista ha detenido a más de 50 mil palestinos menores desde el fin de la Guerra de los Seis Días en 1967. Se estima que el 75 por ciento de ellos han sufrido violencia psicológica y torturas físicas después del arresto. Entonces a Muhamad no le falta razón en imaginar, con su mente casi ingenua, que algo muy malo podía pasarle. Lo sabe. Lo escucha en la casa, en el barrio, en los territorios ocupados.

Es cierto que con cuatro años lo primero que se siente es angustia al ser separado de la familia. Esta es el núcleo esencial de los niños quienes para orientarse en el mundo adulto, necesitan cubrir sus necesidades primarias, donde la seguridad es fundamental. Eso por un lado.

Del otro, Muhamad ha aprendido, casi desde el mismo momento de nacer, que aquellos vestidos de verde olivo que apuntan con ametralladoras no son amigos, al contrario, han sido enviados para asustarlos; manera de perpetuarse; de sentirse dueños de una tierra que no les pertenece.

El niño Muhamad Rabia Alian, fue interrogatorio por la policía israelí por supuestamente haber lanzado piedras. Tiene solo cuatro años. (cdn.hispantv.com)

Racismo inoculado

Y si los palestinos viven impuestos de esa realidad día a día, la infancia israelí tampoco escapa a las presiones de la larga confrontación, justificada desde los grados iniciales de enseñanza: Palestina en los libros de texto israelíes: ideología y propaganda en educación, es una documentada publicación de la israelí Nurit Peled-Elhanan, hija del famoso general Matti Peled, combatiente destacado en las guerras de 1948 y 1967, convertido posteriormente en pacifista y activista por los derechos palestinos.

Según la autora, en los libros, por los que estudian los hijos de los colonos, los vecinos árabes son plasmados como personas infames que no son “normales”. Estos textos se ilustran incluso con palestinos enmascarados o en otras situaciones que representan amenazas para los judíos.

De este modo se asienta la matriz de opinión y se “demuestra” que son gente malvada y por ende enemiga, sin una aproximación cabal histórica de los acontecimientos y con un silenciamiento oportunista alrededor de la llamada Guerra de los seis días de 1967 que despojó a los palestinos de gran parte de su patria. También se distorsiona la creación de Israel en 1948. Con esto se explica la limpieza étnica implementada por el terrorismo de Estado sionista.

Por lo tanto, un soldado israelí adoctrinado en esos preceptos, y ya lavado su cerebro, cuando se enfrenta a un menor de edad que le tira un pedrusco no se detiene a pensar en la dimensión moral de su acción, ni se pregunta en quién tiene mayor poder de tiro, si él con un fusil, o si un chiquillo que se defiende de la ocupación como lo hizo David contra Goliat en otro tiempo igual de injusto.

A lo asumido desde la escuela y desde tempranas edades hay que agregarle la sistemática propaganda negativa a través de todos los niveles mediáticos. En el colmo de la insensibilidad y como botón de muestra del acendrado odio, hace cinco años atrás, la diputada del radical partido israelí Hogar Judío, Ayelet Shaked, llegó a pedir la muerte de todas las madres palestinas por dar a luz a “pequeñas serpientes”.

No contenta con sus declaraciones ante el Parlamento, publicó en su página de Facebook lo siguiente: “Tienen que morir y sus casas tienen que ser demolidas. Son nuestros enemigos y nuestras manos deberían estar manchadas de su sangre”.

Tal actitud racista-criminal viene de lejos. De la época de Golda Meir. Y aunque la Primera ministra de Israel manifestó disposición a “hablar de paz con nuestros vecinos en cualquier momento y sobre todos los aspectos”, también dijo que era “mejor un niño palestino muerto que uno judío”.

Desde el punto de vista simbólico puede decirse que esa obsesión sionista con los infantes palestinos tiene un origen remoto, o un complejo de superioridad, heredado de la cultura universal al incorporar al imaginario nacional la lejana y bíblica Matanza de los Inocentes, perpetrada por Herodes el Grande, y narrada en el Evangelio de Mateo. Este a su vez tiene un antecedente más directo en el episodio protagonizado por los egipcios, el entonces “gran enemigo del pueblo elegido”. Se dice que Egipto ordenó asesinar a los bebés hebreos, forzando a la familia de Moisés a esconderse en el río.

Siglos después, el Nuevo Testamento indica que Herodes, al ver que había sido burlado por los Reyes Magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, y así evitar el crecimiento de uno descrito como el Rey de los Judíos.

En una maniobra artera, Israel ha sobredimensionado esos supuestos sucesos históricos y en consecuencia, la creación del Estado de Israel es verificada como la definitiva victoria de la potencia y el poder de Dios, y del pueblo de Dios (que dicen es el único que dialoga directamente con su Dios), frente a los intereses y poderes de otros pueblos.

Infancia a tiro de culata

La limpieza étnica del régimen sionista se concreta a diario al reprimir a niños de cualquier edad. (lechuguinos.com)

Y en esas naciones su población menuda es asumida como una amenaza, presente pero sobre todo futura: el 52 por ciento de los palestinos son niños y adolescentes. Desde el año 2000 el ejército israelí ha asesinado a más de mil 800 niñas y niños, no solo en Gaza, también en Jerusalén y en la ocupada Cisjordania. Y en 2019 le ha disparado y herido a mil 233 infantes.

Anualmente Israel arresta a 700 de ellos por tirar piedras: En estos meses ha apresado a 118 menores por dicha causa. Durante el proceso suceden muchas arbitrariedades; por ejemplo, se supone, que por ley, los efectivos deben esposarlos con las manos delante, pero en muchos casos se hace con estas por detrás.

Los propios testimonios de los implicados lo han verificado: A la ONG Breaking the Silence, un efectivo sionista le relató que en una ocasión su unidad arrestó a uno “de 11 años pero las esposas eran demasiado grandes para sujetar sus pequeñas manos”.

A partir de los 12 años un palestino puede ir a una cárcel en territorio israelí, al aplicársele el código penal militar. La condena por tirar una piedra puede ser de 10 años, y si ésta va dirigida a un vehículo, hasta 20.

El régimen colonial sionista busca quebrar el tejido social y familiar de las comunidades palestinas, protectora de su infancia como la inmensa humanidad. Israel paradójicamente es miembro de la Convención de los Derechos del Niño desde 1989, sin embargo, no ha asumido su responsabilidad como parte de los acuerdos firmados, especialmente el artículo 37 que establece que “ningún niño será sometido a torturas ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes”.

Siendo el único país que los juzga (a los palestinos) en tribunales militares. Evidentemente intenta doblegar a una población irredenta, negada a ser sometida a la desaparición forzada. Y como se encuentra en desventaja armamentística en su pequeño espacio, desde una dimensión en apariencia insignificante extiende su mano y agarra una piedra en señal de resistencia.

Atrocidad “anticientífica”

Los tanques blindados Merkava estarán dotados próximamente con cañones láser (sputniknews.com)

El Estado sionista obvia incluso el sentido común sobre el impacto real de esa munición natural y por ende se ríe de Isaac Newton y de sus Leyes de la Física.

Caso curioso: el científico inglés fue un cristiano que veneraba al pueblo judío. Pero de vivir en esta época tal vez renegaría de semejante simpatía al observar los asesinatos del ejército israelí. Por décadas, estudió las Escrituras bíblicas, con la misma pasión con que se empleó en la Ciencia.

Su interés por las Escrituras Sagradas le llevó a buscar en ellas códigos matemáticos, los cuales pensaba que podría descifrar. Además aprendió hebreo y griego para tratar de interpretar los manuscritos originales y revisar él mismo los pliegos antiguos. Entre otras cosas, se dispuso a hacer una reconstrucción gráfica del templo del Rey Salomón, y por eso estudió detalladamente la historia del pueblo judío de Israel, narrada en el Antiguo Testamento.

De cualquier manera por mucho que Israel, por constitución, se diga ser depositario de todo el Universo judío, ese no sería el reflejo hebreo que amaría Newton, el mismo cuyas leyes sustentan que un disparo de proyectil de cañón jamás podrá compararse a la pedrada de un niño. Eso en el plano de la Física mecánica.

Llamar a declarar a una criatura de cuatro años como Muhamad Rabia Alian es simplemente una aberración y denota que, en el fondo, el régimen sionista duda de su poder. Sabe que a la larga el símbolo triunfa. El niño palestino frente al tanque se agiganta en su incitación a la resistencia. No importa si arroje muchas o una sola piedra.

Fuente: María Victoria Valdés-Rodda, Revista Bohemia