Periodismo en tiempos de crisis

Hace pocos días atrás se celebró el Día del Periodista, un reconocimiento a la labor de los que registran las crónicas cotidianas, a los que transmiten las novedades al público en los distintos ámbitos en que estas se desarrollen.

Está bien, es merecido el reconocimiento.

El detalle se encuentra en quienes ejercen el oficio a la manera tradicional, con responsabilidad profesional y honestidad intelectual. El asunto es saber quienes son verdaderamente merecedores de este reconocimiento.

Y es imposible saberlo desde el oficio, nadie puede ser juez y parte.

El público es quien está en condiciones de evaluar, pero con limitadas herramientas, al ser este el objeto de destino de la información que generan los periodistas.

Hoy el periodismo se encuentra en crisis, cualquiera sea la rama del oficio, ya sea el periodismo político, económico, deportivo, de espectáculos, etc.

En todas las variantes hay hijos y entenados, legítimos e ilegítimos, honestos y falsarios, libres y rehenes.

En la actualidad son las gigantes corporaciones mediáticas las que marcan la agenda de las noticias y la formación de opinión.

Si bien la objetividad nunca es completa, con esta mencionada agenda, se ha extraviado la libertad de pensamiento y de acción de aquellos periodistas afectados a estas corporaciones.

Algunos estarán conformes porque comparten la ideología, los intereses y los objetivos, otros serán rehenes, angustiados por la traición a la convicción propia, impuesta por la necesidad del salario o el “prestigio” de laborar para…

Y está el resto que trata de generar la contra información, la noticia alternativa, la otra verdad que no se revela en los grandes medios.

Aquí se inscriben los freelance, los independientes, los pequeños medios, que con mucho esfuerzo resisten y luchan para que el periodismo real, el oficio noble, la función social con que surgió, siga viviendo.

Lo otro se ha convertido en un gran negocio, motivado por incalculables intereses donde se mezcla el monopolio, la manipulación psicológica, las armas e incluso la muerte.

Las corporaciones mediáticas también matan, y lo hacen una y otra vez con total impunidad, matan a la verdad en primer lugar y colaboran en la matanza de seres humanos con la fabricación de noticias falsas y la ocultación de otras.

Censuras, desinformación, tergiversación, difamación, son algunas de las armas que utilizan las corporaciones mediáticas para lograr sus fines, o el de sus dueños.

Cómplices de dictaduras, o de potencias hegemónicas, las empresas periodísticas tienen sus cámaras y papeles de impresión manchados de sangre de personas inocentes.

Podemos enumerar miles de situaciones, de casos espeluznantes, de guerras injustas, de opresiones varias, donde la prensa interesada ha callado la verdad.

Sin embargo aún persiste la esperanza, con la tecnología como aliada fundamental, la verdad asoma a la luz, medios independientes, cronistas valientes, periodistas sinceros, se juegan por mantener al oficio del periodismo en alto, rescatando valores, sellando a fuego su función, manteniendo el compromiso social.

Esta editorial quizás no sea de alto impacto, no es atractiva, no es sensacionalista, es simplemente una autocrítica desde adentro del oficio, una llamada de atención para adentro y para afuera.

“Los medios de comunicación son la entidad más poderosa de la tierra. Ellos tienen el poder de hacer culpable al inocente e inocente al culpable y este es el poder. Porque ellos controlan la mente de las masas”. – Malcolm X

Galeb Moussa para prensaislamica.com