Sheij Abdul Karim Paz: El aborto, un tema complejo y un camino equivocado

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En el nombre de Dios, el Misericordiosísimo, el Clementísimo

El aborto, un tema complejo y un camino equivocado

Por Sheij Abdul Karim Paz

 

“Y cuando la niña enterrada viva pregunte, por qué pecado he sido asesinada” (Sagrado Corán, 81:8,9)

Atravesamos estos días la discusión en el Parlamento argentino sobre la posible legalización de lo que se denomina “interrupción del embarazo voluntario”, para evitar una denominación más cruenta como la de “aborto” o “matanza del bebé”. El tema es muy complejo, pero no podemos entender los festejos de aquellos que ven aprobarse la nueva ley pro aborto legal, con una media sanción a favor en la Cámara baja de diputados, restando la Cámara alta de los senadores. No se entiende dónde está la fiesta para un tema tan desagradable. Para los bebés y para muchas madres que tendrán que convivir con el trauma de un aborto, seguro que no lo es.

En la época en que vino el profeta Muhammad (la paz sea con él y su descendencia) entre los árabes de Meca, en la península arábiga, el pueblo de entonces había alcanzado un grado de deshumanización alarmante. Como la hija mujer no representaba un beneficio económico y militar, sino la posibilidad de una carga (más pobreza) y una deshonra (la posibilidad de ser arrebatada como botín de guerra), muchas veces, los árabes de la llamada entre los musulmanes “Época de la Ignorancia” – la era pre islámica- enterraban vivas a sus hijas.

En nuestra época, la sociedad está alcanzando un grado de deshumanización igualmente alarmante. Podrán decirnos que hoy no se entierra a niñas vivas, pero se propone matar a niñas y niños por igual. La pobreza vuelve a ser una de las razones, la vergüenza de un embarazo no deseado puede ser otra.

Entre los embarazos no deseados está el de violación, pero no es el único y en las estadísticas son los más escasos. No se habla del otro, cuyo número seguramente ha de ser muy mayor, el de los embarazos pre matrimoniales no deseados, producto de una aventura más sexual que amorosa.

Muchos que están en contra de la legalización del aborto, exponen distintas razones, y con respecto a los embarazos por violación proponen mayores contenciones estatales a la madre que sufre el drama, para que no termine cargando sobre ella el otro drama de matar a quien, de todas maneras, no deja de ser su hijo/a también. Nadie puede negar que el aborto, para esas madres en esas situaciones, no deja de ser otro drama sobre su conciencia. Me llama la atención que no se suele hablar de la prevención como sí se hace en otros problemas que afectan la salud psíquica y corporal. ¿Por qué será?

Despenalizar delitos parece ser una constante, cada vez más extendida. La cultura actual tiene muchos aspectos decadentes, uno de ellos, sin duda, es el de pretender solucionar algunos dramas creando otros nuevos. Despenalizar la droga, el consumo de alcohol a edad cada vez más tempranas, la promiscuidad, el aborto, la pornografía. Hace poco se votaba una ley para debilitar más la situación de los jubilados, ahora es el turno de otros seres más indefensos aún, los niños en los vientres maternos.

Para nosotros, los musulmanes, el principio de una gran reforma social y cultural es necesaria y comienza con la conciencia de ser criaturas de Dios, Omnipotente y Misericordiosísimo. Esta conciencia nos confiere una responsabilidad y es la de acatar sus órdenes descendidas sobre los mejores seres humanos que son los profetas. Moisés, Jesús y Muhammad, la paz sea con ellos, y sus sucesores, en un sistema de leyes y creencias que armonizan a los seres humanos con su Creador y con sus semejantes, agradeciendo a Dios, dejando los asuntos del gobierno social en manos de los más sabios y aptos, y recomponiendo las relaciones sociales, con los demás seres y el medio ambiente dentro de la armonía y bondad de la creación. Los males actuales como la usura, la opresión y saqueo de las potencias más fuertes militarmente sobre otras naciones más débiles, los abusos hacia los más débiles, sean éstos ancianos, niños, fetos, mujeres, pobres, de piel oscura, o culturas ajenas a la europea, han de plantear una reacción más de fondo que la mera discusión en torno a la legalización de lo que por siglos se consideró, en términos éticos y sociales -con buenos criterios- como un mal y un daño para la sociedad.

Muchas estadísticas dadas a conocer por especialistas estos días, muestran que, con la despenalización del aborto, los niños muertos serían decenas de miles de veces más que las muertes de mujeres por abortos clandestinos; que la mayoría de las mujeres que abortan se arrepienten; que el Estado habría de hacerse cargo en algunos casos, por ejemplo, en los casos de violación; que muchos violadores salen pronto de la cárcel y reinciden.

Desde el punto de vista del islam y su educación en el pudor, pero sin puritanismos o tabúes, la sexualidad es muy natural y no está artificialmente y desmesuradamente promovida. Por lo tanto, la vida matrimonial es más fuerte y con ello se benefician las familias y la sociedad. Los anticonceptivos no están prohibidos pero la sexualidad no es algo público sino estrictamente privado. No hay posibilidad de atender al problema que genera la existencia de los abortos sin una verdadera educación sexual y no existe verdadera educación sexual sin educación espiritual.

El gran líder religioso político, Ayatullah Jamenei en un dictamen legal, dice:

“El aborto está prohibido desde el punto de vista de la jurisprudencia islámica y no se permite en ningún estado, a no ser que la continuación del embarazo ponga en peligro la vida de la madre, en cuyo caso el aborto, antes de la insuflación del espíritu (a partir del cuarto mes de embarazo), se permite. Luego de la insuflación del alma no es permitido, aunque la continuidad del embarazo conlleve peligro para la vida de la madre. Si la continuidad del embarazo, conllevase un peligro para ambos, madre y bebé y la salvación de la vida del bebé no fuera posible de ninguna manera, pero la salvación de la vida de la madre solo pudiese lograrse con el aborto, entonces, está permitido.

Las imperfecciones o deformaciones del bebé, aún con anterioridad a la insuflación del espíritu no permiten el aborto. Pero, si la continuidad del embarazo de ese bebé con deformaciones pusiese en peligro a la vida de la madre, con el diagnóstico categórico de un especialista de confianza, puede abortar antes de la insuflación del espíritu.

En el caso de un bebé, con enfermedades genéticas incurables, si fuese el diagnóstico de este tipo de enfermedades categórico, y mantener a este bebé provoca muchas dificultades y perjuicios, entonces, se puede, antes de la insuflación del espíritu, abortar, pero por precaución debe pagarse el precio de sangre.”

El criterio islámico para considerar embarazo es la “certeza” de que el óvulo fue fecundado y no la “probabilidad”. Es por eso, que al no haber certeza de que el óvulo haya sido fecundado antes de su implantación, momento en que comienza a ser secretada la hormona gonadotrofina coriónica[1], están permitidos los métodos anticonceptivos, considerándoselos preventivos de embarazo y no abortivos, justamente porque el criterio islámico se basa en la certeza, y hasta ese momento la certeza es que no hay indicio de embarazo factible de ser comprobado hasta el momento de la implantación. En otras palabras, siempre que “antes” (de la implantación) no haya certeza de que el óvulo fue fecundado o no, se pueden emplear métodos anticonceptivos, justamente, porque no se sabe si ha habido fecundación o no.

Los embriones guardados para ser empleados en fertilización asistida pueden ser desechados de acuerdo a la visión del líder islámico, Ayatullah Jamenei. El alquiler de vientres está permitido y los padres del niño serán los mismos a quienes pertenece el esperma y el óvulo fecundado respectivamente. Podemos ampliar en este tema, pero no es nuestra intención explayarnos en los casos particulares, sino marcar la postura islámica respecto al aborto, en general.

Hemos visto quejarse a algunos frente a la posición de la Iglesia Católica que prohíbe los anticonceptivos, salvo los métodos naturales, y por otra parte prohíbe el aborto. Esta postura es incompatible, dicen, con el nivel de promiscuidad (liberalidad sexual) que se observa en la actualidad, una liberalidad que ha dejado muy atrás las posturas puritanas de la Iglesia en épocas anteriores. Se puede advertir aquí una postura más equidistante de esas posturas y es la de la religión islámica entre la postura de algunos conservadores católicos en materia sexual y quienes quieren una legalización del aborto como única salida frente a las consecuencias de esa liberalidad sexual señalada.

El Padre Pepe, uno de los llamados “curas villeros” argentinos (curas que han optado por ir a vivir en los lugares más pobres y marginados para predicar con el ejemplo entre los más sufridos materialmente), ha denunciado en el Congreso Nacional, las exigencias del Fondo Monetario Internacional detrás de los lobbies abortistas para imponer políticas de control de natalidad con fines políticos para un país, Argentina, tan despoblado como rico en recursos naturales vitales. No puede desatenderse esta denuncia que se suma a las campañas promovidas por el financista Soros y otros que promueven estas políticas.

El Sagrado Corán habla explícitamente de la sexualidad y la tradición profética está llena de alusiones a la sexualidad como un signo de la misericordia divina, sin la más mínima connotación negativa, pero enmarcada en una relación responsable, sea en el marco de un matrimonio temporario o definitivo, que se aconseja se concrete lo antes posible. Un famoso dicho profético reza: “Cuando una pareja hace el amor, los pecados se caen como las hojas de los árboles en otoño.” “No os apresuréis en las relaciones sexuales, aumentad el juego amoroso”. Pero la cultura occidental ha elegido en los últimos años, el camino del culto al cuerpo y sus placeres, sin límites y ha hecho del pudor algo anticuado y una conducta reprimida insana. No es de extrañar entonces, que tengamos un problema social que no se agota con la discusión del aborto, una de sus consecuencias, sino que la inestabilidad de la familia, que es otra de sus consecuencias, acarrean un sin número de dificultades a los individuos y a la sociedad.

El aborto se acepta en caso de que la vida de la madre corra peligro antes del cuarto mes, o la del feto que no haya desarrollado masa encefálica, lo que hace estéril y doloroso el embarazo de una criatura que no tendrá probabilidades de vivir al nacer. En los casos de violación (casos muy reducidos en una sociedad islámica real, no meramente nominal como las hay desgraciadamente), si la mujer no está en condiciones psicológicas de encargarse de criar a esa criatura, ha de ser el Estado quien se ocupe hasta que la madre esté en condiciones o, de lo contrario, hasta la madurez de ese niño.

Todo sea en nombre de la no imposición, dicen los abortistas, de concepciones religiosas o de cualquier otra índole en detrimento de la mujer que es la dueña de su cuerpo. Pero en nombre de la “no imposición” se le impone la muerte a un ser que no puede defenderse y que es totalmente inocente, de lo que deciden en su contra.

Muchas veces hemos sostenido que la discusión que se plantea en estos niveles de desorden en materia de sexualidad, se niega a ver el tema de fondo. Es como encender una llama que hace hervir una olla de agua y mientras se aumenta la llama, se discuten los efectos no deseados. Para nosotros, este es el ejemplo de lo que sucede con temas como la despenalización del aborto, la legalización de la droga, el aumento de las penas contra los delincuentes comunes (jamás los de guante blanco), el pago de los intereses de las deudas usureras, los decretos para permitir el ingreso de tropas extranjeras (que nunca se discuten en el parlamento por lo evidentemente anti soberanas que son). Poco se habla de las causas y cómo combatirlas o evitarlas. Vemos estas tendencias como la muestra de un grado muy avanzado de descomposición de una sociedad consumista, hedonista, que ha perdido el rumbo y los valores humanos más trascendentes.

 

[1] La hormona gonadotrofina coriónica es la hormona conocida como la “hormona del embarazo”, que se secreta después de la implantación y puede ser detectada en exámenes de sangre, aproximadamente, a los 11 días, luego de la concepción, y en análisis de orina, entre los días 12 y 14 luego de la concepción.

Prensa Islámica