Sobrevivir al frío: el invierno en un campamento de refugiados en Gaza

“Soy un vendedor de verduras, es un trabajo simple, pero puedo ayudar a mi familia a sobrevivir. No hay muchas opciones debido al desempleo que tenemos en Gaza», asegura Thaer Elgherbawy, refugiado palestino. Más de medio millón de personas refugiadas de Palestina viven en la Franja por debajo de la línea de pobreza absoluta, con menos de $1,74 al día y el invierno obliga a decidir entre alimentos o ropa de abrigo.

Un niño y una niña refugiados en el campamento de Jabalia en la franja de Gaza HANEEN HARARA / CAMPAMENTO DE REFUGIADOS DE JABALIA, GAZA

El frío se cuela por las rendijas del salón de la casa de Thaer Elgherbawy, en el campamento de Jabalia, al norte de la franja de Gaza. Su esposa nos recibe con un vaso de “Sahlab”, la bebida típica en invierno. Combina un toque de canela, de pistacho y está cargado de nutrientes para superar las bajas temperaturas.

Thaer tiene 30 años y 5 hijos. Vive en una pequeña casita en el campamento junto a sus padres, su mujer y sus pequeños. Para Thaer el invierno es una época extraña. El frío entra en la casa sin permiso pero sirve como una buena excusa para juntar a toda la familia bajo la misma hoguera.

“Durante décadas, toda la familia nos hemos reunido cada invierno alrededor de la chimenea, bebiendo té mientras conversamos. Es un buen momento para compartir con los demás mientras escuchamos la lluvia caer sobre el techo de hojalata. Es un buen momento”, señaló Thaer.

Thaer vende frutas y verduras en el mercado y el salario que gana, más la ayuda de UNRWA, la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina, le permite mantener a toda su familia pero, como reconoce, “cada vez es más imposible vivir”. Oficialmente, Gaza es considerada inhabitable desde que comenzó el 2020.

“Soy un vendedor de verduras, es un trabajo simple, pero puedo ayudar a mi familia a sobrevivir. No hay muchas opciones debido al desempleo que tenemos en Gaza. A veces, no tenemos suficientes alimentos o productos esenciales así que recurrimos a UNRWA, que tiene un papel fundamental en el cuidado de las familias en Gaza”

La Franja sufre una de las tasas de desempleo más altas del mundo. El 52% de la población está en paro, lo que hace que muy pocas familias puedan tener calor en sus hogares. La situación es más dramática para los jóvenes o para las mujeres. Esto provoca que el 80% de la población dependa de la ayuda de UNRWA para sobrevivir. Casi 13 años de bloqueo israelí por tierra, mar y aire controlando todo lo que entra y sale y de esos 360 kilómetros cuadrados, dejan a la Franja en unas condiciones extremas.

El invierno también es un momento difícil para la Agencia, que además de los servicios habituales tiene que hacer frente a emergencias. El derrumbe parcial de una casa o la caída del techo de hojalata no pueden esperar.

Jamal Abu Habel, el coordinador de proyectos de UNRWA en el campamento de Jabalia, confiesa a las puertas de su oficina, que su  principal preocupación es “proporcionar lo mejor posible y nunca dejarlos solos”. “En invierno tenemos condiciones diferentes, trabajamos con equipos de emergencia para ayudar a los hogares de refugiados y refugiadas que se inundan o se derrumban y proporcionamos cubiertas de nylon para cubrir techos con grietas», añade.

A pesar del recorte de fondos que se mantiene este año por parte de Estados Unidos, el trabajo continúa. Un saco de arroz o de harina, botellas de aceite o legumbres son tan importantes como los servicios sociales y de atención para una población que sufre la frustración y el frío.

Pasar el invierno en uno de los campamentos más grandes del mundo

Cada invierno, las calles del vecindario de Thaer se convierten en un barrizal sobre el que caminar hacia la escuela o hacia el mercado se hace muy difícil. Jabalia es el mayor campamento de refugiados de Gaza, de los ocho que existen actualmente y también uno de los más grandes del mundo. Tras la guerra Árabe- Israelí, en 1948, refugiados y refugiadas se establecieron en este campamento que a día de hoy acoge a unas 110.000 personas en un espacio de 1,4 kilómetros cuadrados. Las condiciones de Jabalia son complicadas y en invierno las dificultades se incrementan por partida doble.

Las calles de Jabalia son callejones estrechos llenos de contrastes. Existe cierta belleza y sufrimiento a partes iguales. La madre que grita desde la ventana para que su hijo entre en casa cuando empieza a llover y las gotas que se empiezan a filtrar una vez que el niño entra, los padres que encienden un fuego para calentarse alrededor de una hoguera y un grito que se escucha a lo lejos: «entra ‘Baba’ -papá, que a fuera hace mucho frío”.

Techos de hojalata o cubiertas con lonas de plástico, ventanas de madera vieja y la ropa tendida fuera a pesar de la humedad. No hay mucho espacio para colgar la ropa dentro de casa, así que el vecindario de Thaer está lleno de telas de colores que intentan secar al sol de invierno.

Para los refugiados y refugiadas de Palestina, esta época es la peor  del año. Más de medio millón de personas refugiadas de Palestina viven en la Franja por debajo de la línea de pobreza absoluta, con menos de $1,74 al día y el invierno obliga a decidir entre alimentos o ropa de abrigo. Las consecuencias son nefastas porque un resfriado, una gripe u otra enfermedad es mucho más difícil de superar en la franja de Gaza.

Fuente: Haneen Harara, El Diario – España