Terrible legado de invasión de EEUU a Irak: niños deformados

  • Dos niños iraquíes juegan entre vehículos incendiados por ataques de EE.UU. en Bagdad, la capital iraquí, 3 de mayo de 2003.
Una nueva investigación revela los terribles efectos del uso de uranio empobrecido por Estados Unidos en la invasión a Irak, especialmente en los niños.

Los resultados del estudio realizado por investigadores independientes, recogidos el viernes por la agencia rusa de noticias Sputnik, revela los vínculos directos entre el uso de uranio empobrecido por el Ejército estadounidense en la invasión a Irak en el 2003 y las terroríficas malformaciones congénitas en los niños iraquíes.

Tras analizar el cabello y los dientes de los cadáveres de niños con graves anomalías congénitas, nacidos en zonas de cruentos enfrentamientos, así como cerca de las bases militares estadounidenses en Irak, los investigadores encontraron grandes niveles de Torio, un elemento químico, producido por la desintegración radioactiva de uranio empobrecido (DU, por sus siglas en inglés).

La investigación evidencia, por ejemplo, una relación directa entre vivir cerca de la base aérea Al-Talil de EE.UU. en el sureste de Irak, con un mayor riesgo de dar a luz a un niño con discapacidades congénitas, que incluyen enfermedades cardíacas, deformaciones de la columna y labio leporino, indicó Mozhgan Savabieasfahani, un investigador independiente radicado en Michigan y coautor del estudio en una entrevista con el portal estadounidense TruthOut .

Cuando una bomba recubierta con uranio empobrecido golpea su objetivo, el incendio y el fuego provocan emisiones de pequeñas partículas radioactivas en el aire. (…) El viento puede transportar por muchas millas ese polvo radioactivo, contaminando de manera potencial el aire que respira gente inocente”, censura el estudio elaborado por investigadores independientes sobre el uso de uranio empobrecido por EE.UU. en ataques a Irak.

 

La indagación evoca, en este sentido, el uso de miles de bombas y municiones recubiertas con uranio empobrecido por EE.UU. en sus bombardeos contra el territorio iraquí, en el marco de la invasión autorizada por el entonces presidente George W. Bush (2001-2009) a Irak, so pretexto de que el país poseía armas de destrucción masiva.

Sin embargo, tras años de esa guerra devastadora con sangrientas consecuencias, Washington reconoció que Irak no tenía esas armas.

“Cuando una bomba recubierta con uranio empobrecido golpea su objetivo, el incendio y el fuego provocan emisiones de pequeñas partículas radioactivas en el aire. (…) El viento puede transportar por muchas millas ese polvo radioactivo, contaminando de manera potencial el aire que respira gente inocente”, censura el estudio.

La inhalación de ese aire contaminado, agrega, puede causar cáncer de pulmón, daños renales, cáncer de hueso, cáncer de piel, así como defectos de nacimiento y envenenamiento químico.

Esos ataques no fueron la única fuente de contaminación radioactiva en Irak, pues el Ejército estadounidense también llevó miles de toneladas de equipos militares al país árabe, como vehículos blindados, tanques y cazas, cuyas armaduras habían sido reforzadas con uranio empobrecido.

Gran número de estos armamentos terminó destruido en el campo de batalla u oxidado en depósitos de chatarra en todo el país, arrastrando el producto químico radiactivo al aire y al agua del país.

Los médicos y expertos iraquíes han calificado de “genocidio” el uso de uranio empobrecido por Washington contra su país, y han denunciado el creciente número de bebés que nacen con discapacidades congénitas en áreas de intensos combates durante la invasión estadounidense, como en la ciudad de Faluya, situada a 50 kilómetros al oeste de la capital, Bagdad, donde se han registrado aumentos dramáticos en cáncer infantil, leucemia y abortos espontáneos.

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