Violencias hacia la infancia y la adolescencia

 

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Sheij Abdul Karim Paz
En el Nombre de Dios, el Clementísimo, el Misericordiosísimo
“Y cuando se pregunte a la niña enterrada viva
Qué crimen cometió para que la mataran.”
(Sagrado Corán: 81: 8,9)
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Los niños son signo de la pureza, porque están más cerca, casi
siempre, de la inocencia original. Únicamente la gente más purificada,
saben conservar la inocencia dada del niño y la desarrollan,
perfeccionándola. Es el caso de los profetas y modelos de Dios.
Pensemos en Moisés, Jesús, Muhammad por citar algunos de los grandes
mensajeros de Dios.
Los niños están más cerca de ese origen puro, sabio y bondadoso que es
Dios Creador. Por eso, Jesús dice si queréis el Reino de Dios haceos
como niños, puros.
Esa pureza solo puede ser destruida y mancillada por almas perversas,
corrompidas, alejadas de la esencia más verdaderamente humana. En la
historia sagrada de los profetas, tenemos que esos paradigmas de
maldad y perversidad, han sido siniestros personajes como Nimrod, el
tirano de la época de Abraham, el Faraón de la época de Moisés, el
César de la época de Jesús y Abu Sufian, de la época de Muhammad, con
éste último y el resto de los profetas sea la bendición y la paz, así como con sus
sucesores. Una manifestación de la perversidad de estos personajes
paradigmáticos de la maldad, fue que se dijeron dioses o bien
impusieron una religión en beneficio propio y de la esclavitud de sus
semejantes. Otro signo, fue el odio y la maldad con los niños. Estos
personajes, especialmente los tres primero citados ordenaron asesinar
a los bebés recién nacidos para con ello, evitar que nacieran los
mensajeros de Dios anunciados por los sabios y sacerdotes allegados a
la corte. Nimrod, Faraón, Herodes, en representación del César ordenaron asesinar a los bebes de su
sociedad, pero Dios desbarató los planes y los profetas nacieron, sanos y
salvos. Moisés, incluso, es criado por el mismo Faraón sin percatarse
él, que Moisés era el salvador anunciado, cuyo nacimiento quería
evitar.

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No sabemos si él mismo Abu Sufian asesinó a bebés, pero es posible que
haya sido uno de aquellos malvados que cita el Sagrado Corán, en el
versículo que enuncié al comienzo. Aquellos que enterraban a sus hijas
vivas. En efecto, Abu Sufián era el líder de una sociedad que
enterraba viva a muchas de sus hijas mujeres recién nacidas por
vergüenza, ya que su falso honor dependía de que tuviese más hijos
varones, útiles para la guerra de pillaje y abuso a la que estaban

acostumbrados en esa sociedad. Era una sociedad basada en el valor de
la fuerza desprovista de belleza, bondad, sabiduría y justicia la que
encarnaban esos falsos líderes.

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Hoy nos toca vivir en un sistema que tiene mucho de faraónico, de anti
profético, y una de sus señales, no la única, es el maltrato a los
niños, lo que es lo mismo que decir, un sistema ciego e insensible a
la pureza e inocencia, al bien y a la ternura.
Pobreza, asesinatos en atentados, bombas, invasiones, ocupaciones,
tráfico de drogas, tráfico de órganos, prostitución infantil, trata de
personas, hogares destrozados por el alcohol, la pobreza, el
desempleo, la infidelidad, los divorcios (no es que estemos en contra
en todos los casos, pero se han incrementado), dejando a los niños en
una situación de mayor dificultad. Madres solteras, producto de un
desenfreno sexual que incentiva el deseo no responsable, no enmarcado
en un amor estable y eso deja sin protección a los más débiles, la
mujer, los niños, los adolescentes.
Proponemos la receta que trajeran los profetas a sus sociedades.
Primero, el recuerdo de Dios. No estamos solos, no son nuestros deseos
desprovistos la Voluntad de Dios expresada por los profetas, deseos que pueden carecer, a veces, de una mirada benévola, respetuosa por el otro,
insensible a lo que no sea un propio deseo animal. Como si nunca debiéramos dar cuentas de nada si nos las arreglamos para que
los hombres no nos vean o no puedan castigarnos ya está, no hay nada trascendente que temer. Inconscientes de que existe
Dios, que es Soberano, y que tendremos que rendir cuentas de cada una
de nuestras acciones. Esto envuelve los principios de las grandes
religiones. Venimos de Dios, volvemos hacia Él, debemos tomar como
modelo de nuestra conducta individual y social a los profetas y
mensajeros de Dios, no a los faraones y césares imperiales.
Cuando estos enemigos de Dios, como Nimrod, Faraón, Herodes., César, Abu Sufian,
se hacían obedecer opresivamente, cuando los primeros decían que eran
dioses, o hacían adorar un panteón de dioses, la sociedad más allegada
a estos poderes era cómplice y los más callaban sin ofrecer
resistencias, salvo unos pocos. Hoy, también hay una gran complicidad
en todos los estratos del poder para que estas maltratos a los niños
existan.
¿Acaso hoy en día no impera un sistema basado en la fuerza, no en la
sabiduría, ni la bondad, y por lo tanto no en la justicia? ¿Acaso, hoy
cinco potencias no se reservan el derecho a veto en la instancia
organizativa más alta que existe, como es el Consejo de Seguridad de
Naciones Unidas? ¿Acaso hoy la venta de armas, la usura, la droga, no
son manejadas por grandes poderes? ¿Qué pasa que, hoy, la mayoría de
los cristianos, judíos y musulmanes que tiene mucho poder no pueden
detener estos flagelos sobre los niños? ¿No será que estas grandes
religiones están dominadas por un fariseísmo que no actúa lo que dice
profesar? Pues así como los profetas enseñaron el camino de

liberación, también tuvieron que enfrentarse a una buena dosis de

fariseísmo que se les opuso.
Bien se dice que la Iglesia está con el Papa Francisco en un proceso
de reforma, lo mismo ocurre en el Islam y ha de ocurrir en el
judaísmo. El ejemplo profético es liberador, no aliado de los poderes
existentes que esclavizan. Los creyentes siempre han sufrido la
persecución de los fariseos o falsos religiosos, “la raza de víboras o
los hipócritas del que habla el Sagrado Corán, o los amantes del
becerro de oro. Todos debemos procurar el Reino de Dios en la Tierra,
el Reino de la justicia y el amor. Esa es la máxima profética común a
las grandes religiones.
Dios nos libre de no actuar de acuerdo a nuestra pretensión de seguir
a los profetas de Dios
Es nuestra mejor ofrenda, a Dios y a nuestros semejantes,
especialmente, los niños y adolescentes.

Acompañaré, Dios mediante, gracias a tu generosa invitación, esta
ponencia con algunas imágenes del google sobre la situación difícil de
mucho niños en el mundo
Saludos

prensa islamica

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